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De agendas, deberes y otros menesteres

27 Ene

Yo en vacaciones aprovecho para descansar de los deberes. Y no me refiero solo a sus deberes, si no también a los que nos ponen a los padres. Creo que nunca en la historia los padres y madres hemos estado tan ocupados, y nunca antes habíamos tenido tantas tareas que hacer para el cole de nuestros hijos.

Me refiero a esas notas que aparecen en las agendas (ese invento del demonio) del tipo “buscar información sobre los patos”, “traer fotos de animales de la selva”, “llevar flor para la Virgen”… Un suma y sigue que si lo multiplican por el número de hijos que uno tenga se convierte en un festival del humor y un sube y baja a la tienda de los chinos. La agenda es un invento muy útil, pensarán muchos. Y lo es por supuesto… ¡si la lees! Las agendas las carga el diablo, y si eres un poco #malamadre, le echarás un vistazo así de soslayo a la que te vas a la cama y entonces, ya será tarde para ti amiga. Porque no sé en otras casas, pero en mi revistero solo hay un triste Telva de hace 8 meses en el que obviamente no hay fotografías de ñus en su hábitat natural ni tampoco tengo a mano en mi biblioteca un ensayo sobre aves para comentar con El Mayor las diferencias entre la oca y el pato común. Así que suele tocar encender el ordenador, ponernos en manos de Mr. Google, darle caña a la impresora y hacer lo que se pueda.

Y ahora me corresponde entonar el mea culpa, porque sí, lo reconozco, a veces se me pasa mirarla, y entonces no me entero de las cosas que avisan con poco margen de actuación. Pero es que si me lo ponen un mes antes, malo también porque a los dos días se me ha olvidado y cuando llega el día D a mí que no me pregunten que yo no sé nada.

De hecho tengo ejemplos de los dos tipos, para que no digan que no me esmero.

El año pasado se nos olvidó comprar la flor para el día de la Virgen, de lo que nos habían informado con semanas de adelanto. Y nos tenían que ver a toda la Trifamily un domingo por la noche apatrullando el barrio en busca de una flor medianamente decente para llevar al cole. Trimadre explorando cada trozo de verde que aparecía por el camino y encima educando a los niños,” hijos míos, esto no se hace, solo en casos de emergencia”.

El segundo caso es más grave. Pónganse en situación. Semana previa a la Navidad. Último día de cole. Madre que ha estado dos días de viaje. Madre que lleva a los niños al cole por primera vez en todo el trimestre. Madre que se va acercando a la puerta con La Rubia de la mano y empieza a notar que algo no va bien. Madre que observa que la rodean pastorcillos, estrellas, Melchores y Gaspares a tutiplén. Mente de madre que empieza a pensar rápido y recuerda que el festival de Navidad del cole fue hace ya unos días. Algo no cuadra. Madre que llega con La Rubia a donde se encuentra su clase temiéndose lo peor. –

– “¡¡MamádelaRubia!! ¡¡mamádelaRubiaaa!!!”, me espetan dos mini-vírgenes María con sendos Nenucos bajo en brazo.

“Mmmm… Buenos días”, contesto educadamente mientras observo a La Rubia con el rabillo del ojo.

“¿No has mirado la agenda?, ¿no has mirado la agenda?”, me preguntan mientras me escrutan con la mirada.

“Ehhhh, creo que no” (empiezo a palidecer, ahora es La Rubia la que me mira fijamente)

“Podíamos venir disfrazados porque es el último día”, me dice la María rubia.

“De lo que quisiéramos”, me dice la morena, “aunque no era obligatorio”. (un poco de compasión por favor…)

En esto que aparece Fulanita, con su chándal del cole, mi salvadora: “No pasa nada, mi mamá tampoco la ha leído”. Me vuelve el riego al cerebro y hago un barrido por lo niños de la clase y sentencio: “¡Y las mamás de Zutanito y Menganito tampoco!” (mal de muchas #malasmadres, consuelo de tontas…).

La Rubia que es una bendita, me sonríe, me da un beso y se va con su amiga la del chándal más contenta que unas pascuas. Yo respiro hondo, miro a la culpa que ya se me ha agarrado del brazo, y juntas nos vamos al coche jurando en arameo, pensando por qué narices no miraría yo ayer la agenda y preguntándome para qué estoy metida en 3 grupos de Whatsapp de madres en los que no se habla de estas cosas.

El invento del mal del que somos esclavos los padres del siglo XXI

El invento del mal del que somos esclavos los padres del siglo XXI

Tampoco puedo dejar de mencionar a los que ya se están convirtiendo en clásicos de todo cole que se precie, como  la mascota itinerante, que te acompaña todo el fin de semana y con la que se supone debes hacer mil y una actividades súper interesantes y novedosas, al estilo de los padres de Caillou. Y a ti, más que llevártela al parque de atracciones lo que te dan son ganas de meterla en la lavadora. Y es que con la vida que lleva la pobre no es de extrañar que esté hecha una pena. Yo cada vez que nos toca vivo angustiada de perderla por algún sitio o dejárnosla abandonada en casa de la abuela.

Luego está el libro viajero, que lo tienes una semana circulando por casa y hasta el último día, a última hora no te enfrentas a él, porque a ver qué pones. Sí, tú, porque tu hijo de 3 años está a otros menesteres y el tema del libro, como decirlo… le trae al pairo.

En fin, yo este año me estoy esmerando y me he comprado un calendario familiar para apuntar bien todas las tareas organizadas por cada miembro de la unidad familiar. Ahora solo tengo que mirar la agenda para saber cuáles son. Ahí es .

El tiempo entre pañales

17 Feb

Hace ya unos meses, Mini-wini cumplió un año. Un año. 365 días (con sus noches). Cualquier madre primeriza habría estado ilusionada, feliz y emocionada ante tan señalada fecha. Yo en cambio anduve tristona y pensativa sin parar de darle vueltas a lo fugaz de nuestra existencia.

La pregunta que no me deja dormir por la noche no es ni más ni menos que ésta: ¿dónde me he metido estos últimos meses?. Porque, a ver… ¿En qué momento ese bebé de 1 kilo 900 gramos que nació antes de tiempo se ha trasformado en un pequeño luchador de sumo de percentil 90? ¿cuándo se acabaron los gorgojeos en su cuna para dar alaridos y gritar “holaaaa” a todo el que pasa?, ¿qué estaba haciendo yo mientras él dejaba de quedarse acurrucado en mi regazo y empezaba a interesarse por arrancarme de cuajo los pendientes?

Ese canijo que decidió venir al mundo 5 semanas antes de lo previsto, pesa ahora 12 kilazos y abulta casi lo mismo que su hermana. Lloró como un condenado los primeros 3 meses para dejar bien claro que había venido para quedarse pero hoy puedo decir que es el más simpático de mis tres retoños y regala sonrisas a cualquier desconocido que le haga una carantoña. Prefiero no profundizar en este hecho, ya que sospechamos que está directamente relacionado con la cantidad de atención que recibe en su casa. Quedémonos con que el niño es muy salao.

La realidad es que, entre bajar un rato al parque para cansar a las fieras, hacer los deberes con El Mayor, pintar caritas sonrientes a La Rubia y levantar este país, no hemos tenido dos minutos para enseñar a mini-wini a hacer el 1 con el dedo índice o a soplar las velas. Qué penica. Pero créanme si les digo que no hubo mala intención por parte de los Tripadres y que esto del cumpleaños nos pilló por sorpresa, sin estas lecciones de vida básicas transmitidas a nuestro benjamín ni pedida la correspondiente cita para la revisión pediátrica. A él no podemos culparle, porque aunque brutote es un rato, cuando le dedicas unos minutos se muestra receptivo y colaborador como el que más. Confesaré también que hace apenas unos días que ha empezado a andar solito, y aunque igual ha influido que tiene una figura, digamos, poco aerodinámica, la principal causa es que se pasa la vida atrapado/reducido/aprisionado en diversos artilugios de retención infantil, véase: sillita de paseo, trona o parque. Y no, no es cuestión sólo de ser #malamadre, más bien de supervivencia de este torete de Albacete que no tiene una idea buena y si no le vigilo con cuatro ojos me lo encuentro levantado una maceta, sacando la mantelería o metiendo los dedos en el enchufe. Y como es comprensible, en multitud de ocasiones Trimadre está haciendo la cena, descargando el lavaplatos o corrigiendo unas sumas, por lo que no puede dedicarse en cuerpo y alma a perseguir al pequeño de la familia mientras éste explora el medio circundante y desarrolla sus habilidades psicomotoras.

El parque, también denominado Guantánamo por mi amiga N.

Aquí el parque, bautizado como Guantánamo por mi amiga N. Responde también al nombre de Alcatraz o de Alcalá-Meco para los más patrióticos, .

Que el tiempo vuela, es un hecho, pero cuando eres madre adquiere velocidades supersónicas. En lo que le das la vuelta a la tortilla de patata, tu hijo empieza a usar un número de pie que se acerca peligrosamente al tuyo. Te agachas a abrochar una zapatilla y una pequeña mano autoritaria te detiene con un “yo sola”. Sin darte cuenta los garabatos que dibujaban en un papel empiezan a transformarse en letras que se juntan para crear palabras con sentido y un buen día escuchas como tu Mayor se detiene ante un cartel y dice en voz alta “Biblioteca”. Te encuentras a ti misma intentando poner a La Rubia una chaqueta talla 18 meses, y no, no es porque hayas leído en el Hola Niños que se lleva la manga francesa, ni tampoco es porque apures la ropa hasta extremos insospechados en pro de la economía doméstica, que también. En el fondo de tu ser, te da dolor dar el paso a la talla 3-4 años, porque significa que ya no habemus bebé, ni rastro de esa tripota ni de los típicos andares pañaleros.

Últimamente veo señales de este crecimiento meteórico por todas partes. Una conversación padre-hijo sobre un córner (¿un córner?), esos dibujos que podían ver en bucle un capítulo tras otro y que ahora les aburren (mamá, es que Caillou es de pequeños ¿perdonaaaa?, ¿y tú qué eres?), o esas cenas antes eternas dando cucharadas a unos y otros que ahora no lo son tanto, hay menos lloros, menos  enfados y más conversación. Vas a taparles por la noche, y no puedes creer que esa piernaza desarropada sea del fruto de tus entrañas, que hasta me parece ver pelos y tatuajes tribales (tranquilidad, es mi imaginación) o que aquel osito sin el que La Rubia no podía dormir hasta hace unos meses haya sido relegado a la estantería más alta.

Así que solo me queda él, mini-wini., con su conversación incomprensible y sus culetazos por el pasillo. Que llora de emoción y nervios cuando me ve aparecer con su biberón, comiendo galletas con sus manos regordetas y dejando migas por todas partes. Y aunque tengo muchas ganas de poder ir los cinco al cine o salir de casa sin biberones ni potitos, no puedo evitar cuando entro en su cuarto por la noche y le veo en su cuna en una de esas posturas imposibles que sólo los bebés pueden encontrar confortables, desear que el tiempo se pare y mi mini-wini se quede así de mini para siempre.

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The unhappy hour

28 Oct

Las 7:30 pm. Esa hora a la que los que no tienen hijos salen del curro y se van a un after-work a tomar un GinTonic porque es martes y ellos lo valen. Esa hora a la que se petan los gimnasios. Esa hora a la que, increíblemente, hay mujeres en los probadores de Zara. A esa hora empieza la vida para muchos.

Pero para las #malasmadres la cosa es bien distinta. Puede que estés en el parque o jugando con plastilina en la mesa de la cocina. Miras el reloj de reojillo y piensas “venga va, 5 minutos más”. No, no lo haces por ellos en plan “qué bien se lo están pasando”, lo haces por ti, confiesa. En 3, 2, 1… empieza la guerra.

Es la peor hora del día, Y LO SABES.

La idea que una tiene de la hora del baño es muy distinta cuando aún no tiene niños. ¿Será culpa de los anuncios de Johnson’s Baby y Nenuco, donde todo son sonrisas, masajitos, miradas embelesadas y pompas de jabón flotando in the air? Cierto es que el engaño dura poco. El primer día que bañas al bebé en casa al volver del hospital cae el mito. Los padres primerizos parece que estemos manejando material inflamable y en el ambiente, lejos de ser relajado, se masca la tragedia… ¡el agua está muy fría! , ¡no le cojas así!. Nervios y hormonas a partes iguales. Por no hablar del despliegue de medios, que podríamos operar a alguien a corazón abierto encima del cambiador sin ningún riesgo (gasas, tijeras, alcohol de 70º,  suero en cantidades industriales…). Lo del masaje se deshecha en el acto ya que esa criatura que se ha puesto roja como una gamba no para de berrear, con lo que se decide acabar con el tema cuanto antes.

Bueno, vale, uno de cada 100 puede que sea así de idílico...

Bueno, vale, uno de cada 100 puede que sea así de idílico…

El caso es que ya desde del primer momento te das cuenta que de relax no tiene nada, pero te lo han grabado a fuego: la hora del baño es vital para el bebé, para que duerma mejor, coma mejor y viva más años. Tanto es así que se nos nubla la razón y hacemos cosas absurdas…

Amigos sin-hijos: “¿Venís a ver la final del Mundial a casa, así podéis traer al niño?”

Monopadres: “Uy, no podemos, es que es a la hora del BAÑO”.

Con los años, y el número de hijos, te das cuenta que el baño diario está sobrevalorado y tu umbral de tolerancia a la suciedad aumenta exponencialmente. Pero lo que no cambia es el estrés del momento. Según crecen empiezan las peleas por introducirlos en la bañera y posteriormente para sacarlos. Claros ejemplos de bipolaridad infantil son los famosos “no me quiero bañaaaaaaaaaaaaar” seguidos de los “no me quiero saliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir”. Una vez que consigues convencerles o en su defecto congelarles quitando el tapón, empiezan los ataques de locura transitoria. Los niños que hace diez minutos estaban llorosos y agotados, parece que se han tomado un RedBull. Es verse fuera del agua y en pelota picada y empezar a correr por toda la casa o saltar encima de la cama. Una, que a esas horas no suele estar para tonterías, empieza a impacientarse por la actitud insurrecta de sus churumbeles y las amenazas y bocinazos hacen su aparición.

Es el momento de encomendarse a Disney Channel o recurrir a técnicas de inmovilización para conseguir ponerles el pijama. Una vez logrado el objetivo, puedes dejarles hipnotizados ante la tele un rato mientras preparas la cena. En esos minutos de soledad cocinera, mientras rezas porque la paz reinante se la debas a Dora la Exploradora y no a alguna fechoría silenciosa, te recompones del primer asalto y te preparas psicológicamente para el segundo round, lo que no es moco de pavo si tenemos en cuenta que estás empanado un filete o si es tu día de suerte, programando el microondas.

Si el menú es del gusto de los mini-chefs, en media hora puede que hayas superado la Fase 2 pero si están de no (“no me gusta”, “no quiero”, “no tengo hambre”, etc) habrá que sacar la artillería pesada. Como toda #malamadre que se precie, te preguntas cómo de importante es que se coma esos dos trozos de tortilla mientras observas las agujas del reloj avanzando impasibles. Hay días en los que te autoconvences de que la fruta diaria tampoco es fundamental (mira los esquimales, ni la catan y ahí siguen tan contentos) y decides sacar las natillas de chocolate, apuesta segura donde las haya.

Una vez pasado el trámite de la cena con mayor o menor éxito, no hemos terminado, no señores. Aún nos quedan los “lavaos los dientes”, “así no, un ratito más”, “haced pis”, “¿seguro que habéis hecho pis?”, “a la cama YA” aderezados aquí y allá con los “es la última vez que lo digo” y “a la de 1, a la de 2…”. Por supuesto serán ágilmente contraatacados por los “otro cuento más” o como diría La Rubia el ultimitísimo de verdad, y los “tráeme agua”, “quédate un poquito plis plis plis” (daños colaterales del bilingüismo, ejem) y el nunca pasado de moda “¡mamiiiii veeeeen!”.

Cuando casi has perdido toda esperanza, te duelen hasta las pestañas, no sientes las piernas y el solo hecho de pensar en volver a recorrer el pasillo te produce urticaria… Entonces… Llega él.

Por fin.

EL SILENCIO.

Buenas noches.

P.D. Puedes unirte al Club de las Malasmadres en Twitter @malasmadres o o facebook. Ésta es su web: www.clubdemalasmadres.com

malasmadres

Post “on the road”

3 Ago

Escribo este post de despedida pre-vacacional llena de orgullo y satisfacción. Son las 7:25 horas y estamos en carretera rumbo a nuestro destino playero. Casi nos cuesta un divorcio pero lo hemos conseguido. Ayer terminamos las maletas, cargamos el coche y nos acostamos a una hora prudencial.

No le quitéis mérito a este hecho inédito en la vida de la Trifamily ya que llevamos años persiguiendo este objetivo, envidiando a esas familias que a las 12 de la mañana están en Huelva tomando gambas tras un pacífico viaje con sus criaturas durmiendo medio camino. Nosotros somos más de acostarnos a las dos de la mañana, levantarnos a las ocho para acabar saliendo al mediodía cabreados y con los niños hasta el moño.

Ahora bien, debo confesar que empiezo a tener dudas del éxito de esta maniobra tempranera ya que, aunque les hemos metido en el coche fritos, a los diez minutos estaban los tres con los ojos como platos. Así que aquí les tengo, frescos como lechugas dispuestos a darlo todo desde buena mañana y con 6-7 horas por delante para hacernos disfrutar.

Reconozco que he dudado seriamente que llegáramos vivos a este día, y es que estas últimas semanitas han sido de órdago. Los comienzos de julio yendo al campamento quedaron olvidados hace tiempo y llevamos otras tres semanas más intentando sobrevivir sin que se maten entre ellos ni asesinarles nosotros. Aburridos de piscina, aburridos de tele, aburridos de hacer lo mismo cada día, mis hijos han petado y ganas nos han dado de dejarles en tierra y largarnos Tripadre y yo a un destino desconocido y paradisiaco.
La novia de Chucky ha llamado a su churri para que viniera de intercambio y éste ha acudido a la llamada dispuesto a hacerse con el hasta ahora, tranquilo, obediente y manejable Mayor que a sus seis años se ha convertido en una especie de pre-adolescente rebelado contra el mundo.
La única parte buena es que La Rubia, analizando el percal, ha decido por una vez en su vida ser ella “la buena” y a la voz de “¿a que yo sí que soy obediente?” nos está dejando pasmados con su comportamiento. No hay mal que por bien no venga.

En fin, solo esperamos que la playa, el mar y respirar otros aires, temple los ánimos de todos los integrantes de la Trifamily y disfrutemos de estas vacaciones como nos merecemos. ¡Ah! Y que el viaje se nos de un poquito mejor que el de Semana Santa, porfaplis.

Lo que es seguro es que me traeré mil anécdotas para compartir con vosotros en esta mi casa virtual.

¡FELICES VACACIONES!

Nota: a la finalización de esta edición 2 de 3 churumbeles estaban KO. Por supuesto, el que aguanta con el ojo abierto es el capitán Sinsueño.

·#8J: Desvirtualización en masa

5 Jun

Pues sí amigos. Me he apuntado al #8J. Y esto… ¿qué es?, os preguntaréis la mayoría de los que me leéis, personas normales y corrientes, que vivís tranquilas y felices ajenas al mundo 2.0.
Pues es el I Encuentro de Madres Blogueras, un macro-evento que han organizado Madresfera y Yo Dona para madres blogueras en el Matadero de Madrid. Todo un día de charlas, mesas redondas y cotilleo a tutiplén para uso y disfrute de esta nueva especie de friki-madre que ha surgido de la mano de internet y las redes sociales. Y no os creáis que somos pocas. Qué va. 300. Sí, habéis leído bien. 300 madres blogueras.

300 madres y algunos padres que le dan al Facebook, al twitter y escriben un blog relacionado con la maternidad o el mundo infantil.

He de reconocer que me ha costado decidirme. Mi blog es un baby-blog. Lo empecé en una habitación de hospital, con un mini-wini pachucho por toda compañía y una larga semana por delante encerrada entre cuatro paredes. Mysister acababa de empezar su propia aventura blogueril así que le pedí que me diera unas nociones básicas para lanzarme con algo. Y aquí estamos. Prácticamente está igual que cuando lo empecé. Ejem, que lo tengo hecho unos zorros, vamos. Y es que entre que el Sr. WordPress no ayuda mucho y una que no es muy ducha en esto de las nuevas tecnologías y que hace dos días no sabía lo que era un widget o un TT, pues se juntan el hambre con las ganas de comer.

A veces no se me ocurre nada que contar, otras, se me acumulan las historias y las voy apuntando en un cuadernito con la esperanza de sacar un rato antes de que las musas de la inspiración me abandonen. A veces escribo el post de una sentada. Otras le doy vueltas y vueltas, se lo lee Tripadre, me lo vuelvo a leer y no me convence. A veces me apetece escribir, otras prefiero recuperar horas de sueño. A veces me digo “voy a chapar este chiringuito que no sé para que me meto en estos envolaos”. Otras pienso “¡qué narices! Esto es mío, mi tesoroooo”. Y entre come-come y movidas mentales, pues van pasando los meses.

Y es que lanzarse en picado al mundo 2.0 y convertirse en una #malamadre es todo uno si no te andas con cuidado. Es muy probable que La Rubia se esmorre del tobogán mientras tú respondes a un comentario del blog o que no te des cuenta de que le estás enchufando el bibi en la oreja a mini-wini si a la vez estás colgando tu último post en Facebook. Así que hay que contenerse, aprender a desconectar y no dejar que te posea la parte adictiva de la blogosfera.

Esto se traduce en que escribo menos de lo que me gustaría y comento poco en los blogs que leo, así que será complicado el momentazo:

Trimadre: “Hola ¿qué tal? mi blog es Trimadre”
Bloguera de éxito: “¿lo qué?”
Trimadre: “Sí, mmmmm….. es que está en el 999 del ranking de Madresfera”

Pero aún con esta cutre-tarjeta de presentación (porque de las de verdad no tengo), me encantará ponerles cara a todas las que están detrás de los blogs que me gustan. Los que llevo meses leyendo o los que acabo de descubrir. Los que me sacaron una sonrisa a las 3 de la mañana en alguna toma interminable o me distrajeron cuando las preocupaciones del día a día no me dejaron dormir. Los que tienen ilustraciones increíbles y los que hacen verdaderas virguerías con las fotos. Los que me dan ideas para hacer planes con la Trifamily y los que comparten sus aventuras maternales con tanta gracia que me hacen soltar una carcajada. Los blogs de mamás expatriadas y los de las acogidas en España que nos cuentan cómo se vive esto de ser madre más allá de nuestras fronteras. A todas las admiro por mantener esa complicada balanza de madre, bloguera y trabajadora (dentro o fuera del hogar). Y con todas sé que comparto, así sin conocerlas, por lo menos las ojeras y las ganas de pasarlo pipa.

Además las charlas tienen muy buena pinta y dada mi ignorancia sobre el mundo virtual, cualquier consejo me vendrá genial.

Espero, para la hora del café, haber perdido toda la vergüenza torera que me embarga y poder lanzarme a la desvirtualización masiva. Para ello confiaré en mis encantos personales y en lo que siempre me ha dicho mi madre, que soy muy sociable. Demasiado dice ella ;).

La Trifamily y la Biodiversidad

26 May

Un sábado cualquiera de hace algunas semanas, la Trifamily amaneció muy temprano. Y cuando digo temprano, quiero decir que era de noche y eso que ya hemos cambiado la hora. ¿La razón? El Mayor, después de pasarse toda la noche tosiendo, a eso de las 6 nos comentó que estaba ahogado perdido y no podía respirar. Tras intentar salvar la situación en casa sin éxito, hubo que ir a urgencias de buena mañana.

A las 8 y 15 estábamos fuera y El Mayor bastaste repuesto, así que nos fuimos a comprar unos churros para desayunar. Ya en casa fueron amaneciendo todos los demás, así que, insólitamente, a las 11 estábamos listos para salir y aprovechar día.  Nos decidimos por el museo de Ciencias  Naturales ya que el mundo animal es una apuesta segura con nuestros churumbeles.

Primero dimos una vuelta por la sala de la Biodiversidad, donde hay montones de animales disecados, casi todos del año de Maricastaña pero en perfecto estado. Aquí Trimadre, que tiene un pasado biológico, se vino arriba e intentó dar un clase magistral a dos niños de 6 y 3 años sobre la distribución de las especies y los distintos hábitats de nuestro planeta, mientras ellos la ignoraban por completo.

El Mayor estaba obsesionado con ver a los dinosaurios, así que nos fuimos para allá pero la colección de fósiles del museo y sus réplicas a tamaño natural no satisficieron sus expectativas.

El Mayor: “Mamá, ¿dónde están los dinosaurios?”

Trimadre: “Son éstos.  Es que son fósiles, los huesos de los dinosaurios”

El Mayor: “Ya,  pero yo no quiero éstos, quiero “los llenos””

Trimadre: “¿cómo que llenos?”

El Mayor: “Siii, ¡llenos!. De carne, piel y esas cosas.”

Claramente este Tiranosaurio Rex está vacío

Claramente este Tiranosaurio Rex está vacío

La Rubia en cambió se decantó más por la evolución del hombre e iba buscando los atributos sexuales de cada homínido a tamaño natural que encontraba a su paso.

La Rubia: “Mira mami, este tiene colita”

Trimadre: “Mmmm…” (hay cosas en las que es mejor no profundizar con los hijos)

Cuando llegó al hombre de Neandertal la encontré en cuquillas observándolo detenidamente.

Trimadre: “¿Qué haces ahí agachada?”

La Rubia:Pos buscando la colita” (Hay que aclarar que el homo neanderthalensis al ser más evolucionado llevaba un refajo que impedía a La Rubia analizarlo en su plenitud).

De nuevo intenté explicarles algunas conceptos antropológicos ya que la que suscribe desenterró algún que otro hueso en sus tiempos universitarios pero todo fue en vano…

El Mayor: “Mamá que no, que yo sé lo que pasó… El hombre éste que es como un mono, se quitó la piel de mono y salió un hombre normal como nosotros pero más feo. Como un superhéroe”.

Siglos de evolución resumidos en una frase… Si Darwin levantara la cabeza movería sus contactos para que me quitasen la custodia.

Debo decir que yo no era la única allí intentando inculcar su sabiduría a sus descendientes. Había otro papá no sé si biólogo, de ambientales o ingeniero forestal, que le explicaba a su hija que no llegaba a los dos años el proceso de fosilización de unos troncos. A la niña en cuestión, sólo le interesaba subirse y saltar desde el susodicho tronco sin importarle lo más mínimo que estuviera o no fosilizado.

De todas formas, creo que El Mayor se quedó con la copla porque esto es lo que dibujó el otro día en el cole llenándome de orgullo y satisfacción.

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Nota de la autora: Cualquier parecido con la realidad (laboral) de Trimadre es pura coincidencia. Hace meses que no cazo una serpiente.

 

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Aventuras en el aeropuerto (by mini-wini)

9 May

Indignado. Abandonado. Ultrajado. Así me siento. Se largaron. Los cuatro. Y me dejaron aquí, único representante de la Trifamily en la península ibérica.

Lo peor de todo fue que me hicieron creer que me iría con ellos hasta el último momento. Toda la semana viendo como Trimadre metía cosas en las maletas, me probaba modelos del Mayor despotricando sobre mi (gran) tamaño y que nada me cabe. Que a ver si se aclara esta mujer… ¿no estaba tan contenta por tener un bebé rechoncho?. En fin, que andaban todos locos de acá para allá, y yo encantado, ya me estaba viendo de nuevo en el Paraíso.

Con mis propios ojos vi cómo empaquetaban mis bibis, todos mis bodis, mis pijamas, mi peine, mi colonia… Ni en mis peores pesadillas habría imaginado que me quedaría en tierra.

Yo estaba tan pichi, solo empecé a desconfiar en el aeropuerto, cuando una señorita muy amable empezó a pedir papeles a los Tripadres. Ellos sacaron unas tarjetitas llamadas DNI, pero la señorita decía que faltaba uno. Trimadre se quedó más blanca que el mostrador y Tripadre fue presa de un ataque de pánico. Tras un intercambio de opiniones entre adultos del que no pillé ni media, Tripadre cogió los mandos de mi carrito conmigo incorporado y me llevó a toda velocidad derrapando en cada curva a ver a unos señores de uniforme que tenían una casita en el aeropuerto. Estos señores no fueron muy simpáticos y no le dieron a mi padre el pasaporte por mucho que él les suplicó, imploró y  enseñó el Libro de Familia, el carné de familia numerosa y la tarjeta Club del Carrefour. Por lo visto, necesitaban oooootro papelote para hacerme la dichosa tarjetita.

Por mucho que le puse morritos y mi mejor sonrisa, no conseguí ablandarle...

Por mucho que le puse morritos y mi mejor sonrisa, no conseguí ablandarle…

Otra vez vuelta a correr y derrapar por la terminal. Yo feliz, me lo estaba pasando pipa y aún no entendía el trasfondo de tanto trajín. Es lo que tiene tener 6 meses, que uno vive en la ignorancia.

Total, que vuelta a debatir los Tripadres. Finalmente se decide que Tripadre vaya al hogar a ver si encuentra el papelote que necesitan los del uniforme para hacerme el pasaporte. Trimadre se queda a cargo de mis dos hermanos, de un carro con tres mochilas y 2 maletas enormes (la tercera la había metido la señorita simpática por un túnel la mar de molón y ya no la pudo sacar) y yo mismo en mi propio carro. Todos en medio del pasillo.

No lo hice por fastidiar, pero con tanta carrera y dado que eran las 3 de la tarde, empezó a entrarme el gusanillo, y al Mayor y La Rubia también. Trimadre empezó a poner caras raras ya que el tema de la movilización se presentaba harto complicado. Finalmente y como mi mamá es una mujer de recursos, montó a La Rubia encima de las maletas y le encomendó al Mayor la misión del conducir mi cochecito.

Empezamos bien, pero a los pocos metros el Mayor ya me había chocado con dos papeleras y cinco japoneses debido a la visibilidad reducida por su escasa estatura. Así que Trimadre bajó a La Rubia para que guiara al Mayor detrás de ella hasta la cafetería, que dicho sea de paso, estaba a tomar viento fresco.

No sé cuánto tardamos, pero para cuando llegamos el gusanillo era un gusanazo y yo empecé a dar alaridos de los míos a ver si me hacían caso. Una vez ubicados, Trimadre dejó al Mayor dándome el biberón, a La Rubia vigilando las maletas y se fue a por bocatas para todos, eso sí, manteniendo el contacto visual con su prole. Sinceramente, creo que mi madre se excede delegando sus tareas y confiar mi cuidado y alimentación a menores de seis años lo veo pelín arriesgado, pero bueno, ella sabrá…

Al rato llegó Tripadre sudando tinta china. Tardó un rato en recuperarse, puesto que había ido y vuelto a casa en taxi en menos de media hora con un tal Fernando Alonso, que empatizó al momento con la tragedia familiar. Tanto jugarse la vida para al final no encontrar el papel de las narices…

Entre tanto fueron llegando mis abus, que como siempre acudieron a la llamada de Teleabuelo. Yo estaba muy contento con tanta visita pero cuando vino Tripadre tras recuperar la maleta que se había tragado el túnel misterioso, ya sí que me empecé a mosquear. En mitad del suelo del aeropuerto, se pusieron a sacar todas mis cosas y a ponerlas en otra maleta. Se creen que no me entero de nada, pero a mi conejito de dormir no le pierdo de vista. Después La Rubia empezó a llorar que si mini-wini no viene, que si mini-wini por aquí y mini-wini por allá… A Trimadre se le cayeron un par de lagrimones también y de repente, ¡zás!. Besitos de unos y otros, y desaparecieron. ¡¡Los cuatro!! Y allí me dejaron con mis abus.

Allí que se fueron todos sin mirar atrás...

Allí que se fueron todos sin mirar atrás…

Me quedé en shock la verdad. Al principio no sabía que pensar… ¿los han abducido?, ¿están secuestrados?… Mi pequeño cerebro le daba vueltas al tema. Bueno, tampoco muchas, he de reconocer, ya que yo estaba con un rey. ¿Cuándo he tenido yo a mis dos abus para mi solito? ¿y a mis tíos dándome paseos, baños y masajitos? Tenía que aprovechar que igual es la última vez.

Cuando ya me había hecho a la vida de marajá, de pronto un día volvieron. Todos alterados y dándome muchos besos y abrazos. ¡Qué agobio! Y aquí es cuando me he empezado a enfadar. Me da a mí que las lágrimas de las féminas de la Trifamily eran de cocodrilo. Desde que han vuelto no oigo más que “qué bien lo hemos pasado”, “no hemos parado”, “mini-wini habría pasado mucho frío”, “mini-wini no habría aguantado tanto coche”… ¡No te digo!, ¡si al final se alegrarán de haberme dejado aquí!

Eso sí, de ésta me vengo. De momento ya llevo dos noches despertándome a las 5 de la mañana. Así la próxima vez se lo pensarán dos veces antes de largarse sin mini-wini.

CON GORRO . . . Y A LO LOCO

como madre, busco la paz · como madrastra, ¡dominar el mundo! (pa qué te voy a engañar)

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