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10 despropósitos de año nuevo

6 Feb

calendario

Sí, sí, ya sé que estamos en febrero, que los días de replantearse la existencia y marcarse metas inalcanzables ya pasaron. Pero comprenderán que quedando restos de turrón en la despensa de la Trifamily es harto complicado pensar en adelgazar 8 kilos de aquí a junio.

Hoy por fin me he nos hemos ventilado el último resquicio de Suchard así que puedo sentarme a meditar sobre mis aspiraciones para este año que ya ha comenzado.

No esperen grandes hazañas del tipo correr todos los días 20 minutos, aprender chino mandarín o leer a Dickens en su lengua materna. Tampoco encontrarán pensamientos profundos tales como “apreciar la belleza en las pequeñas cosas que me rodean” o “disfrutar más de los míos”. Mis propósitos son más aburridos, más de andar por casa… más…. de MADRE.

Aquí van.

1. Dormir más: Parece sencillo, pensarán ustedes. Já. Cuando un propósito no depende únicamente de uno mismo, empezamos mal. Como no puedo luchar contra los elementos (tres en mi caso) que se empeñan en interrumpir mi letargo una y otra vez a modo de tortura china, no me queda otra que acostarme antes para acumular minutos y que así el total de tiempo descansado sea medianamente decente cuando me suene el despertador a las 6:30 de la mañana.

2. Irme a la cama cuando digo que me voy a la cama: Disculpen que me ponga pesada con el tema pero es que llevamos una racha que no se la deseo ni a mi peor enemigo. Existe el agotamiento extremo, se lo aseguro. Así que tengo que poner todo de mi parte para volver a ser persona y no un zombi. Una vez tomada la decisión de irme a la piltra, cogeré la línea recta del pasillo sin mirar atrás. Prometo no distraerme con calcetines tirados en medio del pasillo, sortear los juguetes que haya por el suelo en plan “Misión imposible” e ignorar lo pies descalzos que asoman por fuera de los edredones. Yo a lo mío.

3. Acostumbrarme y acostumbrarles a apagar las luces y cerrar los grifos: Éste es un claro ejemplo de que me voy haciendo mayor y que cada vez me parezco más a mi padre, pero es que somos muchos y hay que apostar por la economía doméstica. ¡Nos subirán la luz, pero nosotros seremos más fuertes! Por lo pronto ya he enseñado a mini-wini a darle al interruptor, lástima que aún no diferencie entre encendido y apagado pero todo se andará.

4. Leer libros: No periódicos ni blogs ni recetas de la Thermomix. Libros de mayores, sin dibujos. ¿Cómo puede una persona que leía todo lo que caía en sus manos dejar de leer radicalmente? Pues se lo voy a decir, porque no es una persona, es un zombi (ver punto 2) y a la segunda línea  sus párpados empiezan a pesar toneladas y ya no hay nada que hacer. No diré si será un libro al mes o al trimestre, pero lo voy a intentar.

5. Enseñarles a recoger sus juguetes:  Siempre fui maniática con mis propios juguetes y no soporto que se pierdan piezas o se mezclen los Lego con los Playmobil. Esto me lleva a implicarme en exceso en la tarea, por no decir que lo acabo haciendo yo. Ya he demostrado al mundo y a mí misma que mi clasificación de vehículos según sean de tierra, mar o aire no tiene parangón, y que nadie como yo distingue de un simple vistazo que ese lazo de 3 mm pertenece a las Pin y Pon, pero ha llegado el momento de dejarles volar libres y que guarden sus juguetes como Dios les dé a entender, pero que los guarden ellos.

6. Ponerme tacones dos veces a la semana: El mundo manoletina está muy bien y es perfecto para mi vida de carreras por la ciudad pero no puedo ser que La Rubia con 4 años se ponga tacones más veces que yo. No way. Confío plenamente en que mis acomodados pies se acostumbren a las alturas si les someto a un duro entrenamiento semanal.

7. Decir menos veces “vengaaaaa, vaaaaaaamos”: me he fijado que siempre estoy metiendo prisa a los niños, porque he dejado el coche mal aparcado, porque se está haciendo tarde, porque hay que irse a la cama, porque se distraen con una mosca volando… Intentaré respetar más sus ritmos caracolianos, armarme de paciencia y no contagiarles el estrés del mundo adulto.

8. Ser más zen: no sé cómo voy a conseguirlo pero tengo que acabar con este nervio que se me agarra en el estómago por esta vida de loca que llevo. Una vida de madrugones, leer e-mails, abrochar sillas, repartir dalsys, tener reuniones, correr, leer agendas, hacer informes, volver a correr… Pero… esta es TU VIDA amiga, asúmelo y BE WATER MY FRIEND. (Nota mental: bajar un CD de música chill-out al coche de ayuda).

Imagen para recordar cuando vaya quemando ruedas porque no llego al cole

Imagen para recordar cuando vaya quemando ruedas porque no llego al cole

9. Dedicarme tiempo a mí: ¡Uyyyy! ¡lo que he dicho! Me cuesta, lo reconozco. Infinito. Tengo que ser capaz de irme a hacer las uñas o a las rebajas sin sentirme culpable. Buscar algún momento ¿al mes? para hacer algo yo sola. Ya ven que en el fondo soy una #malamadre de pacotilla.

10. Escribir más en el blog: Porque me gusta y porque me divierte.

¿Pero cuándo va a escribir Sra. Trimadre si tiene que acostarse antes, leer libros y apagar luces por doquier?

Pues no tengo ni idea, pero ya avisé que eran despropósitos.

Diez cosas sobre Tripadre

19 Mar

Hay ciertas cosas que siguen sorprendiéndome de Tripadre aún después de tres niños y muchos años de vida en común. Vaya por delante que escribo estas lineas sin acritud, más bien desde el asombro y la constatación de cuan distintos somos hombres y mujeres por mucho que nos digan que no…

He aquí el fruto de este riguroso análisis que he realizado tras observar científicamente el desarrollo de Tripadre en su faceta más paternal, donde describo diez de las cosas que este padre no ha aprendido por muy Tripadre que sea…

1. Dónde están los bodis matarile-rile-rile: cinco años, cinco, llevo guardando los bodis en el primer cajón de la cómoda. Pues cinco años lleva Tripadre preguntándome dónde están. Está convencido de que práctico con él algún tipo de juego perverso y los cambio de sitio, pero a Dios pongo por testigo que esto no es cierto. Cada vez que baña a mini-wini, se repite la misma pregunta. Aquí una sufridora que ha aprendido con los años cómo llevar un matrimonio a buen puerto, no entra en debates sin sentido y responde “Aquí lo tienes, cariño”. Y aquí paz y después gloria.

2. La clave del éxito al poner un pañal: Muchos hombres ignoran que esos rebordes que tienen los pañales que rodean las piernas de los bebés no son volantitos ornamentales, si no que cumplen una valiosa función para evitar escapes. Para ello hay que hacer una recolocación de los mismos que nos lleva unos 3 segundos de reloj. Solo diré que a Colombo le costaría nada y menos descubrir quién le puso el pañal de por la noche a mini-wini cuando se levanta calado hasta los sobaquillos.

chiste papa

3. Cortar las uñas a un menor de 2 años: Incapaz totalmente. El miedo a la posibilidad de llevarse por delante un dedo regordete lo paraliza, así que este tema queda en manos de la Trimadre hasta que el niño es capaz de insultarte si apuras demasiado con las tijeras.

4. Recordar la dosis de Dalsy o Apiretal correspondiente a cada niño: Mira que los usamos a menudo, pues no pongo la mano en el fuego porque alguna noche de esas toledanas no se hayan llevado doble ración de analgésico. Hay que decir en su favor, que la dificultad de la operación ha ido en aumento ya que a cada uno le toca una cantidad diferente.

5. Hacer coletas a La Rubia: Este tema es delicado y aquí no puedo culpar a Tripadre ya que es verte aparecer con un peine, cepillo o similar y la Rubia sale por patas. Yo que siempre soñé con tener una niña para llenarla de lazos me di de bruces con ésta ya que odia que le pongas nada en la cabeza. La consecuencia es que Tripadre, encargado del acicalamiento matutino de los niños, pasa de movidas a esas horas, así que obvia el tema del peinado y mis hijos van tal cual se levantan al cole, donde les conocen como Los Despeluchaos. Cuando llegan a casa soy capaz de averiguar qué han comido y qué han hecho sólo mirando la melena al viento de mi princesa: “Mmmm, hoy macarrones con tomate ¿no?, y también habéis jugado con pinturas de dedos amarilla…”.

6. La hora apropiada para iniciar una guerra de almohadas: Por mucho que se lo explico no termina de pillar que a las 9 de la noche no deben emprenderse actividades lúdico-festivas si no quieres que las fieras se alteren y nos den a todos las 11 con las nefastas consecuencias que esto conlleva y que sólo una madre puede prever: no hay quien les levante al día siguiente, tardecita de órdago… En definitiva llantos y rechinar de dientes.

7. Leer un cuento en 5 minutos: Reconozco que soy un poco germánica con la hora de irse a dormir, así que cuando el tiempo se nos echa encima, leo los cuentos en diagonal pasando las páginas de dos en dos y saltándome los párrafos que creo convenientes. Tripadre no puede, es superior a sus fuerzas. Así que si le toca a él leerlos, hay un cuento para La Rubia, otro para el Mayor, juega a ver quién encuentra la mariposa azul en la pagina 2 y hace un despliegue de voces que ni Carlos Latre. De nuevo, Trimadre coge aire y se ausenta de la estancia para no hiperventilar.

8. Conjuntar hermanos: En el tema de la vestimenta yo llevo el cartel de “maniática” porque me gusta que los fines de semana mis churumbeles vayan bien guapos y vestidos a juego. Para que esta misión llegue a buen puerto, es imposible encomendársela a Tripadre, puesto que en lo que cierra el armario de La Rubia ya se le ha olvidado el estampado del vestido para coger la camisa correspondiente del Mayor.

9. Preparar la bolsa de los churumbeles: Hacerlo lo hace, buena intención no le falta, pero nos arriesgamos a encontrarnos en Segovia un domingo comiendo cochinillo y descubrir que no tenemos chupete o ropa de repuesto en plena operación “retirada del pañal”. Así que para evitar disgustos, dejemos esta vital tarea a las profesionales.

10. Recordar citas médicas y calendarios vacunales: para estos temas Trimadre también es un desastre y tiro del calendario del móvil, pero esperaría más de alguien capaz de acordarse de quién metió los goles de la final del mundial de Naranjito, y más teniendo en cuenta que por aquel entonces tenía cinco años. A esto le llamo yo memoria selectiva.

Pero lo cierto es que estas cosas no tienen ninguna importancia. Porque Tripadre es un padrazo. Es él quien se levanta sábados y domingos a las 8 con el Capitán SinSueño. Es a él al que no le da pereza sacar la plastilina, las acuarelas o ponerse a hacer magdalenas con los niños todo antes de las 10 de la mañana mientras escuchan La Primavera de Vivaldi. Él es el que sabe enchufar la Wii, el DVD del coche y el que cambia las pilas gastadas a los juguetes. Es él el que se pega 18.000 paseos por el pasillo cada noche para atender las numerosas llamadas de nuestros retoños. Es él el que prepara el biberón de mini-wini antes de irse a trabajar para que yo no tenga que levantarme. Él es quien que les hace el avión, la carretilla y quien les lleva en hombros cuando se ponen en huelga de andar. Es él el que baila con los mayores encima del sofá Rolling in the deep mientras se parten de la risa. Él es quien les levanta cada mañana para ir al cole con besos y cosquillas. Es él el que ha enseñado al Mayor a montar en bici sin ruedines y el que poner tiritas a La Rubia en sus heridas imaginarias. Él es quien juega con ellos al escondite toooodos los días cuando llega del trabajo y les busca por toda la casa aunque siempre están debajo de la mesa de la cocina.

Y encima, hace la mejor lasaña del mundo.

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Diez cosas sobre los despertares nocturnos

27 Feb

Durante estos últimos cinco años los Tripadres nos hemos hecho expertos en despertares nocturnos. En principio parecerían todos iguales, el niño se despierta y te toca levantarte. Punto. Pero de eso nada. Hay todo un mundo detrás de cada espabilamiento in the middle of the night. Aquí os presento la clasificación que he realizado basándome en un estudio realizado en 108.724 casos prácticos, en tres individuos de 0 a 5 años, tomados de uno en uno, dos en dos e incluso tres en tres.

1. El despertar “necesidades básicas”: Un clásico. Aquí se engloban los típicos “mamá pis”, “papá agua”. Nosotros hemos probado a poner el agua encima de su cogote, biberones antigoteo en la cuna, dejar encendida la luz del pasillo y hasta hacer un caminito fluorescente hasta el baño como en los aviones… pero nada. Siempre nos llaman. Luego dirán que no tenemos comunicación con nuestros hijos. Entra en la categoría de despertares breves.

2. El despertar “chupete”: Es cuando tu pequeño decide que necesita imperiosamente succionar y no encuentra con qué a pesar de que le has acostado con una docena de chupetes distribuidos estratégicamente por toda la cuna. Aún así, te toca ir y poner fin a su sufrimiento. Está comprobado que el incremento en el número de chupetes no disminuye el número de despertares. Sólo conseguirás que se levante con la palabra Nuk tatuada en el moflete. Suele ser de corta duración.

3. El despertar “enséñame la leche”: Cuando el despertar “chupete” se prolonga en el tiempo, seguramente el lactante necesita algo más consistente que la silicona/caucho para calmarse. Sabe lo que quiere y lo quiere YA. Hagas lo que hagas ya vas tarde. Para mini-wini tengo la infraestructura preparada en la cocina para que la duración sea mínima. Leche en polvo dosificada y biberón lleno de agua. Sólo queda darle al play del microondas y en 30 segundos está listo. Este despertar aunque es propio de menores de un año no debemos descartarlo en los mayores. Una vez La Rubia me pidió un plato de macarrones a las 3 am. Palabrita. De duración media-larga según se nos dé la toma.

4. El despertar “vacilón“: Es aquel en el que los padres se encuentran durmiendo plácidamente cuando escuchan el llanto o llamada del retoño. Con gran esfuerzo por su parte, uno de los progenitores se levanta de la cama y cuando va por mitad de pasillo, el reclamo en cuestión cesa. A veces llegas hasta su cama para encontrártelo durmiendo como un bendito. El padre o madre, regresa al calor del sobre, se tapa y se acomoda de nuevo cuando de repente, se vuelve a oír. Con insistencia. La “rellamada” nunca ocurre antes de que te hayas vuelto a acoplar en tu cama y cerrado los ojos. Jamás. Se repite la misma jugada mínimo otras tres veces para desesperación de lo padres. En ocasiones puedes llegar a oír sus risas malévolas, pero es fruto de tu imaginación. De duración media que se hace muy larga.

5. El despertar “cazafantasmas”: Relacionado con las pesadillas y miedos que acechan a los churumbeles en la oscuridad de la noche. Por mucho que les pongo Monstruos S.A. no terminan de convencerse, y a partir de las 12 aparecen por mi casa lobos, leones y “señores” de dudosas intenciones. La duración es variable. A veces el asunto se resuelve rápido pero otras hay que quedarse a hacer guardia en la habitación no vaya a ser que vuelvan.

Aquí un grupo de padres listos para combatir monstruos y otras criaturas

Aquí un grupo de padres listos para combatir monstruos y otras criaturas

6. El despertar “Night Walkers”: En homenaje al anuncio de IKEA con el que me siento tan identificada. Se repiten todo tipo de despertares varias veces a lo largo de la noche, ya no sabes quién te ha llamado ni cuántas veces pero los tres sujetos suelen estar implicados. Te duermes donde caes, puede ser el sofá, la cama de La Rubia o la cuna del mini-wini. A eso de las 6 abres el ojo y no sabes ni dónde estás. En éste el Tripadre es experto.

7. El despertar “afterhour”: Es de esas noches en las que tu hijo se despierta a las 4 de la mañana como si hubiera dormido 12 horas. No le hables de dormir porque lo que él quiere es fiesssssssta. Yo he oído cosas como “ponme los Cantajuegos”, “vamos al parque”o “llévame al zoo”. La idea del infanticidio se pasea por tu mente. La duración es larga, muy larga, hasta que vuelves a meter en vereda al juerguista en cuestión.

8. El despertar “A palabras necias oídos sordos”: Si vuestros churumbeles son como los míos de esos que no callan ni debajo del agua, puede ser que también les dé por manifestar sus opiniones a altas horas de la madrugada del estilo “dámelo, que es mío”, “¡que digas la palabra mágica!” o “que no quiero irme todavía”. Tú que has salido de la fase REM a trompicones, vas hasta su vera con los ojos medio cerrados para acabar dándote cuenta que la conversación no es contigo. La duración también es breve.

9. El despertar “Tomasín”: Lo llamo así en honor al encantador niño de la peli “El Orfanato”. Estas veces El Mayor o La Rubia tienen a bien plantarse a la vera de mi cama cuando estoy como un tronco. Se quedan ahí parados mirándome hasta que me despierto. El susto que te pegas es de órdago. Es muy chungo que te den miedo tus propios hijos. Duración variable dependiendo de las intenciones del niño-espectro.

10. Despertar “La novia de Chucky”: En éste La Rubia es especialista. Si viviéramos en el siglo XII y no supiera que son terrores nocturnos, ya la habríamos llevado a exorcizar. Por mucho que lo cuente, esto es pa vivirlo. Te mira como si fueras la bruja de Blancanieves, si te acercas mucho te puedes llevar un mamporro y llora y grita que ni la Belén Esteban en Sálvame Deluxe. Así se puede tirar media hora hasta que despierta. También te suele dejar acongojado y siempre se te hace demasiado largo.

Lo más entretenido del asunto es que estos despertares son combinables entre sí en la misma noche y hasta pueden protagonizarse por distintas criaturas. Obviamente a más niños, más probabilidad de disfrutar de todos y cada uno de ellos en la misma noche.

¿Y vosotros? ¿Creéis que me dejo alguno?

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Diez cosas positivas de la Operación Biberón

10 Feb

Se ha escrito mucho sobre las bondades de la lactancia materna, todas ellas ciertas y demostradas científicamente. Es lo mejor para el bebé, le pasas tus defensas, será menos propenso a alergias y enfermedades y es la alimentación más completa. Es lo mejor para la mamá, porque protege del cáncer de mama, ayuda a la recuperación post-parto y puede comerse todos los bocatas de Nocilla que le apetezca sin remordimientos. Pero la primera razón por la que he dado el pecho a mis tres retoños es simplemente porque me encanta. Desde que El Mayor se enganchó como si le fuera la vida en ello a los 2 días de nacer y con 2 kilillos de peso, yo también me enganché a esa sensación tan guay de sentir su calorcito piel con piel y su pequeña mano haciéndome cosquillas en la espalda. Tengo que reconocer que en está misión maternal del amamantamiento me ha acompañado la suerte. Será por mis genes gallegos, pero soy una central lechera con patas y no he sabido lo que es una grieta. Mucha gente te dice “Es que el pecho sólo se lo puedes dar tú” como si fuera algo negativo. Ay amigos. Es que eso es precisamente lo mejor del asunto para la que suscribe. Ser the one and only para mi criaturita y tenerlo todito pa’ mí.
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El caso es que por motivos de salud de la Trimadre que son de fuerza mayor, y muy a mi pesar, ayer fue el último día que le di el pecho a mini-wini. Con todo el dolor de mi corazón, me he visto obligada a romper esa relación de amor, ese tándem perfecto mini-wini/teti. Es cierto que no llevaban mucho tiempo juntos, pero su idilio estaba en su mejor momento. Atrás habían quedado los días de top-less perpetuo, tomas cada hora y media y esas peleas con el pezón de ni contigo ni sin ti. Ella lo era todo para él: su consuelo, su alimento, su quita-hipo, su anestesia para cualquier molestia que pudiera tener. Pero a pesar de todo, tuvimos que iniciar la “Operación Biberón”.

El destete forzoso es un asco. No hay por donde cogerlo. Si lo haces rápido es un horror y si lo haces despacio es prolongar el sufrimiento así que no sé qué es peor. Hemos pasado unos días muy divertidos en casa de la Trifamily. Por mi parte llevo dos piedras colgando y mantengo una relación amor-odio con el sacaleches. No lo puedo ni ver pero lo necesito para seguir viviendo. Me ha dolido todo a parte de lo obvio, los brazos, la espalda… Curiosas interconexiones corporales ligadas a nuestra condición mamífera.

Luego está la parte psicológica. Entre el lío hormonal y la pena mora que me invade, me ha costado varios días darle a mini-wini un biberón sin que me caigan lagrimones. Así que para animarme y subirme la moral he decidido pensar en diez cosas positivas de este mi nuevo estado de mujer no-vaca. Aquí van:

1. Hacer una pira con todos los sujetadores de lactancia. Prenda antilujuriosa donde las haya que además constituye un atentado contra la moda íntima. Ya sea en su versión corchete o ganchito, nunca atinas a la primera y acabas metiéndote mano a ti misma para poder cerrar la dichosa tapa. Encima son feísimos, valen una pasta y sientan fatal. Ni uno solo voy a dejar vivo.

¿Es o no es para espantar a cualquier tripadre?

¿Es o no es para espantar a cualquier tripadre?

2. Voy a mandar el sacaleches al lugar del que nunca debió salir: el trastero y podré olvidarme del ordeñamiento por siempre jamás. Amigo Medela, hasta más ver.

3. Deshacerme de los discos de lactancia. En esas primeras semanas, cuando “a demanda” significa “a todas horas del día y de la noche” y te pasas la vida en un streaptease permanente, los pierdo por todas partes. Luego aparecen en los lugares más inverosímiles. Bajo el edredón, en el baño, debajo del sofá… No me preguntéis cómo lo hago pero hasta La Rubia aparece de vez en cuando con alguno en la mano: “Mami, toma tu circulito”. También los echaría a la hoguera, pero me da a mí que estos artilugios los carga el diablo y parecen altamente inflamables así que me tendré que conformar con tirarlos a la basura.

4. La Rubia va a estar feliz, porque por fin podrá darle un bibi a su hermano. Desde que nació estaba deseando colaborar en la alimentación de mini-wini y como veía que la opción era teta o teta pues decidió posicionarse a mi vera en cada toma y estrujarme la delantera “para que salga más lechecita”.

5. Podré volver a ponerme vestidos. Entre embarazo, lactancia y cambios de estaciones hace casi dos años que no me los pongo así que va a ser casi como estrenarlos. Dar el pecho limita mucho el vestuario. Los vestidos están vetados a no ser que quieras montar el espectáculo allá por donde vayas. Será una novedad abrir el armario y ponerme lo que me apetezca sin pensar si voy a enseñarlo todo cual Sabrina en Nochevieja.

6. Dejaré de desayunar como si no hubiera un mañana así que ya no tengo excusa para no ponerme a régimen. En realidad esto no es muy positivo, más bien es un perezón pero hay que intentarlo que en un periquete estamos luciendo cuerpos en la pisci de la urba.

7. Voy a ir a la pelu. Ya sé que se llevan las mechas degradadas, pero la verdad, no es mi estilo. Por fin podré tirarme 4 horas con el pelo empapelado y hacerme un brushing de 25 minutos mientras me empapo de cultura social con los “Holas” de los últimos 6 meses. Deseandito estoy.

Por mucho que a Drew le queden bien, yo no me veo

Por mucho que a Drew le queden bien, yo no me veo

8. Me voy a tomar un GinTonic de los que hacen afición. No me conformaré con cualquier cosa. Mínimo tónica Fever Tree, con cáscara de limón en una perfecta espiral y en copa de balón. De esos de los que te pegan un sablazo de 14 euros. Digo uno, porque después de meses de abstinencia me puedo poner muy tonta así que mejor vayamos poco a poco.

9. Me iré de cena con Tripadre. Dejaré a los niños con María Poppins después de no sé cuantos meses y disfrutaremos de una cena de dos que no sea de Gosushing en nuestro acogedor salón. Este punto se puede disfrutar previamente al número 8, haciendo una excepción a lo del régimen porque yo lo valgo.

10. Y por último, lo más importante de todo. Volveré a estar estupenda y encontrarme fenomenal para poder levantarme 8 veces por la noche, pasear a mini-wini, estrenar con El Mayor sus nuevas botas de fútbol y montar en bici con La Rubia. En definitiva, disfrutar de mi Trifamily al 100%.

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