Archive | enero, 2015

De agendas, deberes y otros menesteres

27 Ene

Yo en vacaciones aprovecho para descansar de los deberes. Y no me refiero solo a sus deberes, si no también a los que nos ponen a los padres. Creo que nunca en la historia los padres y madres hemos estado tan ocupados, y nunca antes habíamos tenido tantas tareas que hacer para el cole de nuestros hijos.

Me refiero a esas notas que aparecen en las agendas (ese invento del demonio) del tipo “buscar información sobre los patos”, “traer fotos de animales de la selva”, “llevar flor para la Virgen”… Un suma y sigue que si lo multiplican por el número de hijos que uno tenga se convierte en un festival del humor y un sube y baja a la tienda de los chinos. La agenda es un invento muy útil, pensarán muchos. Y lo es por supuesto… ¡si la lees! Las agendas las carga el diablo, y si eres un poco #malamadre, le echarás un vistazo así de soslayo a la que te vas a la cama y entonces, ya será tarde para ti amiga. Porque no sé en otras casas, pero en mi revistero solo hay un triste Telva de hace 8 meses en el que obviamente no hay fotografías de ñus en su hábitat natural ni tampoco tengo a mano en mi biblioteca un ensayo sobre aves para comentar con El Mayor las diferencias entre la oca y el pato común. Así que suele tocar encender el ordenador, ponernos en manos de Mr. Google, darle caña a la impresora y hacer lo que se pueda.

Y ahora me corresponde entonar el mea culpa, porque sí, lo reconozco, a veces se me pasa mirarla, y entonces no me entero de las cosas que avisan con poco margen de actuación. Pero es que si me lo ponen un mes antes, malo también porque a los dos días se me ha olvidado y cuando llega el día D a mí que no me pregunten que yo no sé nada.

De hecho tengo ejemplos de los dos tipos, para que no digan que no me esmero.

El año pasado se nos olvidó comprar la flor para el día de la Virgen, de lo que nos habían informado con semanas de adelanto. Y nos tenían que ver a toda la Trifamily un domingo por la noche apatrullando el barrio en busca de una flor medianamente decente para llevar al cole. Trimadre explorando cada trozo de verde que aparecía por el camino y encima educando a los niños,” hijos míos, esto no se hace, solo en casos de emergencia”.

El segundo caso es más grave. Pónganse en situación. Semana previa a la Navidad. Último día de cole. Madre que ha estado dos días de viaje. Madre que lleva a los niños al cole por primera vez en todo el trimestre. Madre que se va acercando a la puerta con La Rubia de la mano y empieza a notar que algo no va bien. Madre que observa que la rodean pastorcillos, estrellas, Melchores y Gaspares a tutiplén. Mente de madre que empieza a pensar rápido y recuerda que el festival de Navidad del cole fue hace ya unos días. Algo no cuadra. Madre que llega con La Rubia a donde se encuentra su clase temiéndose lo peor. –

– “¡¡MamádelaRubia!! ¡¡mamádelaRubiaaa!!!”, me espetan dos mini-vírgenes María con sendos Nenucos bajo en brazo.

“Mmmm… Buenos días”, contesto educadamente mientras observo a La Rubia con el rabillo del ojo.

“¿No has mirado la agenda?, ¿no has mirado la agenda?”, me preguntan mientras me escrutan con la mirada.

“Ehhhh, creo que no” (empiezo a palidecer, ahora es La Rubia la que me mira fijamente)

“Podíamos venir disfrazados porque es el último día”, me dice la María rubia.

“De lo que quisiéramos”, me dice la morena, “aunque no era obligatorio”. (un poco de compasión por favor…)

En esto que aparece Fulanita, con su chándal del cole, mi salvadora: “No pasa nada, mi mamá tampoco la ha leído”. Me vuelve el riego al cerebro y hago un barrido por lo niños de la clase y sentencio: “¡Y las mamás de Zutanito y Menganito tampoco!” (mal de muchas #malasmadres, consuelo de tontas…).

La Rubia que es una bendita, me sonríe, me da un beso y se va con su amiga la del chándal más contenta que unas pascuas. Yo respiro hondo, miro a la culpa que ya se me ha agarrado del brazo, y juntas nos vamos al coche jurando en arameo, pensando por qué narices no miraría yo ayer la agenda y preguntándome para qué estoy metida en 3 grupos de Whatsapp de madres en los que no se habla de estas cosas.

El invento del mal del que somos esclavos los padres del siglo XXI

El invento del mal del que somos esclavos los padres del siglo XXI

Tampoco puedo dejar de mencionar a los que ya se están convirtiendo en clásicos de todo cole que se precie, como  la mascota itinerante, que te acompaña todo el fin de semana y con la que se supone debes hacer mil y una actividades súper interesantes y novedosas, al estilo de los padres de Caillou. Y a ti, más que llevártela al parque de atracciones lo que te dan son ganas de meterla en la lavadora. Y es que con la vida que lleva la pobre no es de extrañar que esté hecha una pena. Yo cada vez que nos toca vivo angustiada de perderla por algún sitio o dejárnosla abandonada en casa de la abuela.

Luego está el libro viajero, que lo tienes una semana circulando por casa y hasta el último día, a última hora no te enfrentas a él, porque a ver qué pones. Sí, tú, porque tu hijo de 3 años está a otros menesteres y el tema del libro, como decirlo… le trae al pairo.

En fin, yo este año me estoy esmerando y me he comprado un calendario familiar para apuntar bien todas las tareas organizadas por cada miembro de la unidad familiar. Ahora solo tengo que mirar la agenda para saber cuáles son. Ahí es .

Año nuevo ¿vida nueva?

12 Ene

Eso dice el refrán pero permítanme que discrepe, puesto que por estos lares hemos empezado el año tal y como acabamos el anterior, es decir, con algún miembro de la Trifamily aquejado de algún tipo de achaque.

No es la primera vez que hablo de este tema, y es que no es ningún secreto que en esta familia tenemos un club de fans formado fundamentalmente por virus y bacterias de distinto origen y condición que practican el acoso y derribo con todos nosotros cada curso escolar.

Hace tiempo que le doy vueltas a una teoría, y es que estoy convencida que estos microorganismos tienen capacidades muy superiores a las que les atribuimos ya que vengo observando que actúan con nocturnidad y alevosía siguiendo distintos modus operandi. Y es que intuyo que a finales de agosto se agazapan bajo nuestro felpudo hasta que nos ven desembarcar con las maletas, momento que celebran con hurras y vítores para acto seguido entrar en nuestro hogar y despedirse del mundo exterior hasta el siguiente mes de julio. En ocasiones atacan en bloque a todos provocando distintos síntomas en cada uno y otras en cambio van rulándose de uno a otro hasta que caemos todos como chinches. Si les digo que allá por septiembre Tripadre tuvo el conocido virus de guardería boca-mano-pie comprenderán que no exagero nada.

Así que como viene siendo costumbre en esta familia, el 1 de enero, con las uvas aún a medio tragar en el gaznate, ésta que les habla se encontraba con Mini-wini en el servicio de urgencias al que somos asiduos felicitando el año al personal sanitario mientras mi pequeño recibía sus primeros aerosoles de la temporada.

No es por darnos autobombo, pero es cierto que ya somos duchos en estas lides y tendemos a ver el vaso medio lleno, así que nos sentíamos afortunados de haber podido capear el temporal bacteriano durante las fechas claves navideñas. Así que ni tan mal.

En esas estábamos cuando días después, a media de hora de recibir invitados a cenar, me hallaba yo sola con los tres en casa, recogiendo plastidecor, calcetines y hotwheels del suelo a diestro y siniestro con el objetivo único de adecentar el salón para no asustar a las visitas. Momento éste en el que El Mayor se planta delante mío y me suelta la fátidica y temida frase que ninguna madre quiere oír: “Me pica mucho  la cabeza“.

piojo1

Hola, soy un piojo y he venido a sembrar el pánico en tu hogar.

Yo que me lo quedo mirando pensando “imposible, no puede ser“. Que pensarán ustedes y con razón “¿y por qué no va a poder ser?“. Pues verán, siempre he pensado que dado que batallamos año tras año con todo tipo de microorganismos, la justicia divina nos había dotado de una especie de halo protector contra los siguientes animalitos invasores en la línea evolutiva. Llámenme ilusa pero 7 de años de inmunidad piojil me avalaban. Pero a la vista está que me equivocaba. El Karma se ha resintonizado en 2015 y lo que se cocía en la melena del Mayor era una plaga en toda regla.

Con el primer avistamiento ya sospeché que aquello era serio y llamé a Tripadre histérica perdida urgentemente para que antes de volver se hiciese con todo el material necesario en la primera farmacia de guardia que pillase. El pánico cundió por momentos, los invitados a punto de llegar (menos mal que eran familia), la cena a medio preparar y la casa hecha un desastre.

Yo entré en un bucle de negación de “no me lo creo“, “pero esto qué es” que viéndolo con perspectiva, no contribuyó mucho a terminar con el caos reinante, pero qué quieren que les diga, no estaba psicológicamente preparada para ver CORRER a esos bichos inmundos por el pelazo de mi retoño.

Tras una inversión económica de 35 euros  y hora y media encerrados en el baño, dimos por concluido el primer round piojo-Trimadre, con la inestimable ayuda de mi cuñada con experiencia previa en el asunto. El Mayor lloró, pataleó y se enfadó. Y yo también, por supuesto. Esta vez La Rubia y Mini-wini  se libraron pero también tuvieron que pasar la inspección con sus consiguientes llantos.

No voy a detallarles aquí mis desvelos durante la lucha piojil, más que nada porque no es un tema agradable de tratar a estas horas café en mano. Simplemente mencionaré que mi primogénito tenía en su pelambrera todas las fases del desarrollo del parásito que nos ocupa, desde las liendres microscópicas que no hay liendrera de 15 eurazos que las atrape, hasta el padre de todos lo piojos que miedo me daba que me pegase un bocao.

Este asunto de los piojos deja secuelas, de hecho días después aún me sigue picando todo y les reviso las cabezas obsesivamente como una madre mandril. Así que, sinceramente, considerando el debut que hemos hecho en el nuevo año, me planteo seriamente la opción de hibernar cual oso pardo y levantarme allá por mayo a ver si las aguas han vuelto a su cauce.

Ruego me despierten cuando la temperatura media supere los 20 grados. Gracias.

Ruego me despierten cuando la temperatura media supere los 20 grados. Gracias.

CON GORRO . . . Y A LO LOCO

como madre, busco la paz · como madrastra, ¡dominar el mundo! (pa qué te voy a engañar)

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