Archivo | mayo, 2014

Nos vamos

15 May

Nos vamos.

Para poder andar sin prisas, aunque sea bajo la lluvia, sin empujar una silla con una mano y con la otra sujetar a La Rubia para cruzar mientras él lleva la bici del Mayor que ya no quiere pedalear más. Y pasear dándonos la mano yo a él y él a mí.

Para poder hablar hasta que se nos acaben los temas de conversación. Para que nos den ataques de risa en la cama y no despertemos a ninguno de nuestros hijos.

Para comer a la hora que queramos y donde queramos, sin preguntar si tienen menú infantil ni peinar el local con la mirada para ver si hay tronas y lanzarnos a por la que está libre cual buitres leonados. Y que nos importe tres pimientos que haya o no cambiador.

Nos vamos.

Para dormir del tirón y despertarnos porque sí.  Sé que me levantaré sobresaltada pensando “¡no los he oído!” para luego darme cuenta que están a kilómetros de distancia, pero aún así, lo necesito. Lo necesitamos.

Para entrar en esas tiendas que nos gustan, en las que venden mil cosas que no nos compraremos, sin preocuparnos porque mini-wini lo coja todo y una dependienta nos lance una mirada asesina que nos haga salir pitando.

Para cenar en un sitio bonito con una copa de vino y luego, si nos apetece, tomarnos un GinTonic, sabiendo que al día siguiente el Capitán SinSueño no nos despertará para informarnos de que son las 7:25.

Nos vamos.

Para aparcar el coche en Madrid y olvidarnos de abrochar/desabrochar sillas por doquier y de paso dejar de escuchar en bucle la BSO de Frozen al menos durante cuatro días (suéltaloooo…).

Para salir de la habitación preocupándome únicamente de coger mi bolso; sin preparar nada, ni potitos, ni pañales, ni 4 abrigos bajo el brazo. Solo el mío.

Para pedirle a un japonés que lleve una cámara con un objetivo gigante que nos saque una foto a los dos y podamos demostrar al mundo que fuimos juntos (y si no, le daremos a los selfies).

Para pelearnos porque nos hemos perdido. El clásico tú no sabes leer los mapas / tú no preguntas ni a tiros en el que siempre caemos.

Nos vamos.

Para recordar que sus ojos son casi verdes cuando les da el sol y que canta en la ducha cuando está contento aunque se inventa las letras.

Para charlar de cosas importantes y de otras no tanto. Sin interrupciones. Y sin tele. Y sin quedarnos fritos en mitad de la conversación (y ella no era, ejem).

Para disfrutar del silencio nada incómodo de los que llevan media vida juntos.

Para que esa canción que suena de fondo en un pub se convierta en “nuestra canción de Londres” y nos trasporte siempre allí cuando la volvamos a escuchar.

Nos vamos.

Para ver a los guardias del Palacio de Buckingham y reírnos pensando que La Rubia se habría escondido entre nuestras piernas si hubiésemos querido hacerle una foto con ellos. Para imaginarnos la cara que pondría Mini-wini si viera las ardillas de Hyde Park. Para subirnos al London Eye y pensar lo que habría disfrutado El Mayor. Para echarlos de menos a cada rato y que todo nos recuerde a ellos. Y aún así, disfrutar cada minuto.

Para que el último día se nos haga tan largo que lleguemos antes de lo necesario al aeropuerto contando las horas para verles.

Nos vamos. Porque 10 años son 10 años.

 

 

 

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Feliz día de las @malasmadres

4 May

Leí hace poco este artículo sobre la mujer del siglo XXI, en el que se plantea por qué siempre nos encontramos casadas o agotadas. Puede que trabajemos las mismas horas que nuestra pareja, que nos dediquemos por igual a los hijos, pero el sentimiento de estar exhausta es más característico del género femenino. Quizá es porque al trabajo físico tenemos que añadir el psicológico. Y es que esto de ser mujeres multi-task es agotador. Esta capacidad organizativa que poseemos nos tiene día y noche dale que te pego al coco: se han acabado los pañales, que no me olvide de llamar a mi hermana, tengo que comprar el regalo para el cumple de la amiga de La Rubia, le toca revisión a mini-wini, tengo que pedir tutoría para El Mayor… y así hasta el infinito y más allá. Todo esto no pasa por nuestra cabeza mientras escuchamos a Bach con una copa de vino tinto en la mano. Este runrún nos acompaña a todas horas, mientras escribimos un mail, redactamos un informe, hacemos la cama o pasamos el puré. Si ya lo dicen por ahí, que las mujeres sabemos hacer dos (mil) cosas a la vez.

¿Pero qué pasa cuando algo hace “crack”? ¿Cuando en esa rueda de engranaje que hacemos girar cada día hay un fallo? Puede ser que nuestro hijo sea el único que va en chándal el día que tocaba hacer la foto de la clase, que te olvides de coger la merienda y le lleves un bollo de la máquina de vending de tu oficina o que les des de cenar exactamente lo mismo que han comido en el cole.

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Cuando pasan estas cosas, es posible que te encuentres con la mirada de desaprobación de otra madre o de alguien que simplemente pasaba por allí. Otras muchas veces la mirada que te encuentras es la tuya propia que desde el espejo te pregunta ¿Cómo te has podido olvidar de eso?, ¿a qué madre le pasaría algo así?. Sí, queridas, porque esto es muy de nosotras, ser nuestras peores jueces; con nadie somos tan implacables como con nosotras mismas. Y luego está la culpa, esa vieja amiga que se nos aparece un día sí y otro también en formato “soy una mala madre”.

De pequeña en el colegio dibujé a mi madre en las Bahamas. La profesora, extrañada, le preguntó a mi madre si había estado de vacaciones en aquellas islas tan de moda en los 80. A ella le entró la risa, porque las Bahamas era el sitio a donde siempre decía que se iba a marchar cuando nos portábamos mal o estaba agotada.

Este ritmo de vida que llevamos, este “no-parar” una semana detrás de otra, hace que en algunos momentos, queramos desaparecer. Irnos a nuestras particulares Bahamas, aunque sea con la mente. Cuando me han dado una noche toledana, cuando me los llevo a hacer la compra al súper, cuando se pelean por doceava vez en una tarde, cuando siento que hablo a las paredes… reconozco que me gustaría hacer ¡chás! y teletransportarme a kilómetros de distancia. Tener un rato para escuchar el silencio y no pensar en nada. Será que soy una mala madre, pero a veces me iría a por tabaco y eso que no fumo.

De acuerdo, Dra. Trimadre, los síntomas están claros: agotamiento extremo, memoria de pez, necesidad imperiosa de huir a una isla paradisiaca o en su defecto ir al baño con la puerta cerrada. Pero díganos, ¿qué hacemos?, ¿cuál es el tratamiento?

¿Qué tal si le damos la vuelta a estos sentimientos negativos de culpabilidad, cansancio, de “no llego a todo”?, ¿qué tal si nos reímos de estas situaciones que trae la maternidad y las compartimos con otras madres?, ¿qué tal si nos sacudimos la culpa e intentamos pensar un poco más en nosotras?, ¿en volver a sacar tiempo para leer aunque sea 10 minutos, en pintarnos las uñas de rojo o en irnos a cenar con el #buenpadre? ¿A que suena bien? Pues la solución la tienes muy fácil. A golpe de click.

Esa fue la idea de Laura Baena, del blog La niña sin nombre, cuando creo la cuenta de Twitter @malasmadres. Poco a poco, se unieron muchas más y nació la web del Club de Malas Madres y la página de Facebook que ya cuenta con 12.000 seguidores (¡se dice pronto!).

No busques en este Club una filosofía de vida o un modelo de crianza. Aquí no se aceptan etiquetas. No se juzga si das pecho o biberón, si practicas el colecho o te levantas hecha un cuatro cuando te toca dormir con tu hijo, si tienes un horario infernal o te dedicas full-time a cuidar de tus churumbeles. Todas cabemos en el Club, un lugar para compartir nuestros méritos de #malasmadres, los TIPs, donde se reflejan nuestras ocurrencias más divertidas o las meteduras de pata más sorprendentes. Las risas están aseguradas así que abstenerse personas sin sentido del humor o que desconozcan el significado de la palabra “ironía”.

malasmadres2malasmadres

¡Ah! Y por si a alguien le queda la duda, #malasmadres sí, pero arrepentidas NUNCA. Los #buenoshijos lo son TODO para nosotras y serán más felices cuanto más felices sean sus mamás, menos dramaticen y menos se culpabilicen por cosas que realmente no valen la pena.

Para acabar, desde este humilde blog le doy un GRACIAS muy grande a Laura y a su partner Veronika (bloguera y parte técnica de este sarao) por esta fantástica idea y para colmo, organizar una fiesta el 24M para todas nosotras, LA PARTY, donde disfrutaremos y nos reiremos como buenas #malasmadres que somos. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hago un llamamiento a las#buenasabuelas para que se queden con los niños ese día, ya que me temo que con los #buenospadres esta vez no vamos poder contar: LaPARTYvsFinaldelaChampions (mira que hay días en el año…).

A todas…. ¡¡FELIZ DÍA DE LAS #malasmadres!!

P.D. Este post se lo dedico a mi #malamadre que nunca fue a las Bahamas, pero hace unas croquetas de morirse. En eso (y muchas cosas más), me gana por goleada.

 

 

 

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