Archive | febrero, 2014

#Malamadre Superstar

28 Feb

Ya he hablado muchas veces del Club de Malasmadres, del que soy miembro orgullosa y cuasi-honorífica. Hoy me podéis encontrar en su sección “Ellas hablan” donde la Jefa nos da espacio a las #malasmadres para que nos desahoguemos, demos rienda suelta a nuestra locura maternal y ya de paso, nos conozcamos un poco más.

Uníos a nosotras en Facebook y twitter @malasmadres ¿no os parece?

!Espero que os guste! (pincha en la imagen para leerla)

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El tiempo entre pañales

17 Feb

Hace ya unos meses, Mini-wini cumplió un año. Un año. 365 días (con sus noches). Cualquier madre primeriza habría estado ilusionada, feliz y emocionada ante tan señalada fecha. Yo en cambio anduve tristona y pensativa sin parar de darle vueltas a lo fugaz de nuestra existencia.

La pregunta que no me deja dormir por la noche no es ni más ni menos que ésta: ¿dónde me he metido estos últimos meses?. Porque, a ver… ¿En qué momento ese bebé de 1 kilo 900 gramos que nació antes de tiempo se ha trasformado en un pequeño luchador de sumo de percentil 90? ¿cuándo se acabaron los gorgojeos en su cuna para dar alaridos y gritar “holaaaa” a todo el que pasa?, ¿qué estaba haciendo yo mientras él dejaba de quedarse acurrucado en mi regazo y empezaba a interesarse por arrancarme de cuajo los pendientes?

Ese canijo que decidió venir al mundo 5 semanas antes de lo previsto, pesa ahora 12 kilazos y abulta casi lo mismo que su hermana. Lloró como un condenado los primeros 3 meses para dejar bien claro que había venido para quedarse pero hoy puedo decir que es el más simpático de mis tres retoños y regala sonrisas a cualquier desconocido que le haga una carantoña. Prefiero no profundizar en este hecho, ya que sospechamos que está directamente relacionado con la cantidad de atención que recibe en su casa. Quedémonos con que el niño es muy salao.

La realidad es que, entre bajar un rato al parque para cansar a las fieras, hacer los deberes con El Mayor, pintar caritas sonrientes a La Rubia y levantar este país, no hemos tenido dos minutos para enseñar a mini-wini a hacer el 1 con el dedo índice o a soplar las velas. Qué penica. Pero créanme si les digo que no hubo mala intención por parte de los Tripadres y que esto del cumpleaños nos pilló por sorpresa, sin estas lecciones de vida básicas transmitidas a nuestro benjamín ni pedida la correspondiente cita para la revisión pediátrica. A él no podemos culparle, porque aunque brutote es un rato, cuando le dedicas unos minutos se muestra receptivo y colaborador como el que más. Confesaré también que hace apenas unos días que ha empezado a andar solito, y aunque igual ha influido que tiene una figura, digamos, poco aerodinámica, la principal causa es que se pasa la vida atrapado/reducido/aprisionado en diversos artilugios de retención infantil, véase: sillita de paseo, trona o parque. Y no, no es cuestión sólo de ser #malamadre, más bien de supervivencia de este torete de Albacete que no tiene una idea buena y si no le vigilo con cuatro ojos me lo encuentro levantado una maceta, sacando la mantelería o metiendo los dedos en el enchufe. Y como es comprensible, en multitud de ocasiones Trimadre está haciendo la cena, descargando el lavaplatos o corrigiendo unas sumas, por lo que no puede dedicarse en cuerpo y alma a perseguir al pequeño de la familia mientras éste explora el medio circundante y desarrolla sus habilidades psicomotoras.

El parque, también denominado Guantánamo por mi amiga N.

Aquí el parque, bautizado como Guantánamo por mi amiga N. Responde también al nombre de Alcatraz o de Alcalá-Meco para los más patrióticos, .

Que el tiempo vuela, es un hecho, pero cuando eres madre adquiere velocidades supersónicas. En lo que le das la vuelta a la tortilla de patata, tu hijo empieza a usar un número de pie que se acerca peligrosamente al tuyo. Te agachas a abrochar una zapatilla y una pequeña mano autoritaria te detiene con un “yo sola”. Sin darte cuenta los garabatos que dibujaban en un papel empiezan a transformarse en letras que se juntan para crear palabras con sentido y un buen día escuchas como tu Mayor se detiene ante un cartel y dice en voz alta “Biblioteca”. Te encuentras a ti misma intentando poner a La Rubia una chaqueta talla 18 meses, y no, no es porque hayas leído en el Hola Niños que se lleva la manga francesa, ni tampoco es porque apures la ropa hasta extremos insospechados en pro de la economía doméstica, que también. En el fondo de tu ser, te da dolor dar el paso a la talla 3-4 años, porque significa que ya no habemus bebé, ni rastro de esa tripota ni de los típicos andares pañaleros.

Últimamente veo señales de este crecimiento meteórico por todas partes. Una conversación padre-hijo sobre un córner (¿un córner?), esos dibujos que podían ver en bucle un capítulo tras otro y que ahora les aburren (mamá, es que Caillou es de pequeños ¿perdonaaaa?, ¿y tú qué eres?), o esas cenas antes eternas dando cucharadas a unos y otros que ahora no lo son tanto, hay menos lloros, menos  enfados y más conversación. Vas a taparles por la noche, y no puedes creer que esa piernaza desarropada sea del fruto de tus entrañas, que hasta me parece ver pelos y tatuajes tribales (tranquilidad, es mi imaginación) o que aquel osito sin el que La Rubia no podía dormir hasta hace unos meses haya sido relegado a la estantería más alta.

Así que solo me queda él, mini-wini., con su conversación incomprensible y sus culetazos por el pasillo. Que llora de emoción y nervios cuando me ve aparecer con su biberón, comiendo galletas con sus manos regordetas y dejando migas por todas partes. Y aunque tengo muchas ganas de poder ir los cinco al cine o salir de casa sin biberones ni potitos, no puedo evitar cuando entro en su cuarto por la noche y le veo en su cuna en una de esas posturas imposibles que sólo los bebés pueden encontrar confortables, desear que el tiempo se pare y mi mini-wini se quede así de mini para siempre.

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10 despropósitos de año nuevo

6 Feb

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Sí, sí, ya sé que estamos en febrero, que los días de replantearse la existencia y marcarse metas inalcanzables ya pasaron. Pero comprenderán que quedando restos de turrón en la despensa de la Trifamily es harto complicado pensar en adelgazar 8 kilos de aquí a junio.

Hoy por fin me he nos hemos ventilado el último resquicio de Suchard así que puedo sentarme a meditar sobre mis aspiraciones para este año que ya ha comenzado.

No esperen grandes hazañas del tipo correr todos los días 20 minutos, aprender chino mandarín o leer a Dickens en su lengua materna. Tampoco encontrarán pensamientos profundos tales como “apreciar la belleza en las pequeñas cosas que me rodean” o “disfrutar más de los míos”. Mis propósitos son más aburridos, más de andar por casa… más…. de MADRE.

Aquí van.

1. Dormir más: Parece sencillo, pensarán ustedes. Já. Cuando un propósito no depende únicamente de uno mismo, empezamos mal. Como no puedo luchar contra los elementos (tres en mi caso) que se empeñan en interrumpir mi letargo una y otra vez a modo de tortura china, no me queda otra que acostarme antes para acumular minutos y que así el total de tiempo descansado sea medianamente decente cuando me suene el despertador a las 6:30 de la mañana.

2. Irme a la cama cuando digo que me voy a la cama: Disculpen que me ponga pesada con el tema pero es que llevamos una racha que no se la deseo ni a mi peor enemigo. Existe el agotamiento extremo, se lo aseguro. Así que tengo que poner todo de mi parte para volver a ser persona y no un zombi. Una vez tomada la decisión de irme a la piltra, cogeré la línea recta del pasillo sin mirar atrás. Prometo no distraerme con calcetines tirados en medio del pasillo, sortear los juguetes que haya por el suelo en plan “Misión imposible” e ignorar lo pies descalzos que asoman por fuera de los edredones. Yo a lo mío.

3. Acostumbrarme y acostumbrarles a apagar las luces y cerrar los grifos: Éste es un claro ejemplo de que me voy haciendo mayor y que cada vez me parezco más a mi padre, pero es que somos muchos y hay que apostar por la economía doméstica. ¡Nos subirán la luz, pero nosotros seremos más fuertes! Por lo pronto ya he enseñado a mini-wini a darle al interruptor, lástima que aún no diferencie entre encendido y apagado pero todo se andará.

4. Leer libros: No periódicos ni blogs ni recetas de la Thermomix. Libros de mayores, sin dibujos. ¿Cómo puede una persona que leía todo lo que caía en sus manos dejar de leer radicalmente? Pues se lo voy a decir, porque no es una persona, es un zombi (ver punto 2) y a la segunda línea  sus párpados empiezan a pesar toneladas y ya no hay nada que hacer. No diré si será un libro al mes o al trimestre, pero lo voy a intentar.

5. Enseñarles a recoger sus juguetes:  Siempre fui maniática con mis propios juguetes y no soporto que se pierdan piezas o se mezclen los Lego con los Playmobil. Esto me lleva a implicarme en exceso en la tarea, por no decir que lo acabo haciendo yo. Ya he demostrado al mundo y a mí misma que mi clasificación de vehículos según sean de tierra, mar o aire no tiene parangón, y que nadie como yo distingue de un simple vistazo que ese lazo de 3 mm pertenece a las Pin y Pon, pero ha llegado el momento de dejarles volar libres y que guarden sus juguetes como Dios les dé a entender, pero que los guarden ellos.

6. Ponerme tacones dos veces a la semana: El mundo manoletina está muy bien y es perfecto para mi vida de carreras por la ciudad pero no puedo ser que La Rubia con 4 años se ponga tacones más veces que yo. No way. Confío plenamente en que mis acomodados pies se acostumbren a las alturas si les someto a un duro entrenamiento semanal.

7. Decir menos veces “vengaaaaa, vaaaaaaamos”: me he fijado que siempre estoy metiendo prisa a los niños, porque he dejado el coche mal aparcado, porque se está haciendo tarde, porque hay que irse a la cama, porque se distraen con una mosca volando… Intentaré respetar más sus ritmos caracolianos, armarme de paciencia y no contagiarles el estrés del mundo adulto.

8. Ser más zen: no sé cómo voy a conseguirlo pero tengo que acabar con este nervio que se me agarra en el estómago por esta vida de loca que llevo. Una vida de madrugones, leer e-mails, abrochar sillas, repartir dalsys, tener reuniones, correr, leer agendas, hacer informes, volver a correr… Pero… esta es TU VIDA amiga, asúmelo y BE WATER MY FRIEND. (Nota mental: bajar un CD de música chill-out al coche de ayuda).

Imagen para recordar cuando vaya quemando ruedas porque no llego al cole

Imagen para recordar cuando vaya quemando ruedas porque no llego al cole

9. Dedicarme tiempo a mí: ¡Uyyyy! ¡lo que he dicho! Me cuesta, lo reconozco. Infinito. Tengo que ser capaz de irme a hacer las uñas o a las rebajas sin sentirme culpable. Buscar algún momento ¿al mes? para hacer algo yo sola. Ya ven que en el fondo soy una #malamadre de pacotilla.

10. Escribir más en el blog: Porque me gusta y porque me divierte.

¿Pero cuándo va a escribir Sra. Trimadre si tiene que acostarse antes, leer libros y apagar luces por doquier?

Pues no tengo ni idea, pero ya avisé que eran despropósitos.