Archive | septiembre, 2013

Necesito vacaciones

25 Sep

Sí, sí, han leído bien, no es una errata o una entrada antigua del mes de julio.  A fecha de hoy, recién estrenado el otoño, lo afirmo con rotundidad: necesito vacaciones.

– Pero, oiga Sra. Trimadre, ¿no se ha ido usted tres semanas el pasado mes de agosto, dejando a sus miles de lectores abandonados y privados de su jocosa y amena lectura?

– Verdad verdadera

– ¿Y no es cierto que se ha pasado esos 21 días al sol disfrutando del mar y la playa?

– No podría negar tal cosa

– ¿Entonces????

Déjenme decir en mi defensa que esos 21 días con sus 21 noches los he disfrutado en la mejor de las compañías, la de mis tres criaturas. Cada jornada playera, cada paseo nocturno, cada caña en el chiringuito y cada chopito en una terraza, lo hemos disfrutado la Trifamily al completo. Nos hemos recorrido España de norte a sur, no hemos visto una nube ni de refilón y hemos hecho todo lo que hay que hacer en vacaciones como castillos de arena que son pisoteados al segundo de poner la última torre, cazar cangrejos para soltarlos antes de irnos a comer, echarnos memorables siestas familiares, buscar estrellas fugaces, comer helados cada día o saltar las olas. No puedo quejarme, lo hemos pasado pipa.

Pero hay algo que no hemos hecho, al menos Tripadre y yo. Algo vital para afrontar los próximos meses quasi-exentos de puentes, y en general para la supervivencia humana. DESCANSAR.

Así es, cualquier padre o madre me podrá entender a la perfección. Porque en las vacaciones con hijos se disfruta y mucho, claro que sí, pero no se descansa. Los niños te rejuvenecen, vuelves a hacer cosas que hacías cuando eras niño, te hacen reír a carcajadas, y por supuesto… te agotan.

Y si me preguntan qué me gustaría hacer para quitarme esta espinita que tengo clavada y que me temo no saldrá durante los próximos meses, lo tengo muy claro.

  • Me gustaría tumbarme en la playa boca-abajo. Hace seis años que no practico esta postura playera de esconder la cabeza contra la toalla y escuchar el sonido del mar o conversaciones ajenas según se tercie. Ahora es impensable dejar de mantener contacto visual con mi descendencia.
  • Me gustaría también tomar el sol relajadamente e incluso cerrar los ojos más de 5 nanosegundos sin temer que Mini-wini se dé un atracón de arena, La Rubia en su afán de socialización se pierda por la playa o El Mayor, para el que por lo visto el océano no tienen secretos, sea arrastrado al fondo del mar por una ola de dos metros.
  • Me gustaría comerme la comida caliente. Así tal cual la trae el camarero, hincarle el diente a un calamar sin tener que trocear, repartir y poner servilletas antes de poder probar un bocado. No me negarán que pasados 10 minutos ya no es lo no que era.
  • Me gustaría no tener que levantarme de la mesa ochenta veces a hacer pis con El Mayor o La Rubia, a buscar un tenedor volador, a calentar un potito o biberón, a hacer pis con La Rubia, a recoger los juguetes que Mini-wini ha aprendido a arrojar mil y una veces desde el carro, a cambiar un pañal… ¿he dicho ya a hacer pis con La Rubia? Sepan ustedes que mi hija en vacaciones tomó por norma no utilizar el baño de casa para nada. Y cuando digo nada, es NADA. Hemos tenido la gran fortuna de visitar todo tipo de baños en restaurantes, chiringuitos o playas, por no hablar de las ocasiones en las que hemos contribuido al regado y abono de los espacios naturales circundantes.
  • Me gustaría tener una conversación seguida con Tripadre, ya que últimamente son del tipo:

Trimadre: “Ha llamado mi madre y me ha contado que… Sí, Rubia, puedes ir a la piscina”

Tripadre: “¿Quién dices que te ha llamado? Pásame una toallita”

Trimadre: “Toma… Mi madre, que ha visto a… ¡Mayooooooooooor!! !Bájate de ahí ahora mismo!”

Tripadre: ” ¿Tu madre qué?… Ahora voy a bañarme contigo Rubia

Trimadre: “Ya no sé que te estaba diciendo”

Tripadre: “Bueno, luego me lo cuentas” (en otra vida, quizás)

Tripadre y yo manteniendo una larga e ininterrumpida charla

Tripadre y yo manteniendo una larga e ininterrumpida charla

  • Me encantaría darme un baño en el mar o en la piscina de esos largos y relajantes, sin los 11 kilazos de Mini-wini apoyados en la cadera y sin estar pendiente de que alguno de mis hijos me deje medio en pelotas al agarrarse desesperadamente de mi bikini. También estaría bien poder posar mis ojos donde me de la gana para variar, ya que a los niños les encanta deleitarnos con sus acrobacias acuáticas las cuales no podemos perdernos por nada del mundo, causándome gran estrés visual: “¡Mira mamá como me  tiro a bomba!”, “¡mira mamá como salto de cabeza!”, “¡mira mamá como me tiro bailando el Gagnam Style!”
  • Las vacaciones son además un momento muy estresante en el que el corazón de una madre sufre mucho, y a diario. Tengo comprobado que en este periodo una padece de 8 a 10 microinfartos diarios. Ese niño que se tira al agua rozando el bordillo con el flequillo, ese bebé regordete que se pasea tranquilamente y sin manguitos por el borde de la piscina, esa niña en la playa con cara de perdida a la que no quitamos ojo hasta que vemos aparecer a un adulto acudir a su rescate, esa criatura con madera de equilibistra que se encarama al muro más alto que encuentra para hacer un triple salto mortal… Y así suma y sigue. Porque en estos asuntos de seguridad infantil, las madres somos muy solidarias. Tanto nos dan tener una relación de consanguinidad con el inconsciente en cuestión que no, que lo sufrimos igual.

En fin, creo que nos las merecemos, y si además les adelanto que la vuelta al cole ha sido apoteósica con los virus esperando en la puerta de clase dando palmas a nuestra llegada, no les parecerá mal que me plantee el organizar una colecta para un crucero por el mediterráneo solo para adultos.

Porque yo lo valgo.

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