Archive | julio, 2013

Momentazos piscineros

17 Jul

El otro día, cuando me hallaba disfrutando de unos momentos de solaz y esparcimiento en la piscina de mi urba, tuve una visión que me dejó paralizada. Una chica a la que sacaba unos cuantos años (no hace falta entrar en detalles), hacia su entrada triunfal en la charca comunitaria. Iba ella toda mona con su bikini talla 36 y su moreno de llevar horas y horas tostándose al sol (que yo me pregunto ¿cuándo? ¿cómo? ¿por qué?). Se colocó a mi lado y pude observar detenidamente todo su equipamiento piscinero: toalla-pareo a juego con el bikini, iPhone 5, crema factor 15, un libro (de esos con muchas hojas y ningún dibujo) y las llaves de casa.

Embobada como estaba, eché una mirada de refilón a la zona de césped ocupada por la Trifamily, que dicho sea de paso estaba alcanzado los 12 metros cuadrados y subiendo:

–          cinco toallas, unas extendidas, otras directamente hechas un gurruño

–          Tres botes de crema, todos del tipo “cemento armado para untar, Factor 200”, unos al borde de la caducidad otros no tanto, pero ahí que llevo todos

–          Mega-bolsa en la que bien cabría mini-wini aunque en esos momentos estaba medio vacía puesto que todo su contenido estaba esparcido por la zona cero

–          Mini-bolsa número 1 con pañales wáter-proof, pañales normales, toallitas y peine

–          Mini-bolsa número 2 o de entertainment con gafas de bucear, baraja española y pulseritas de cordones de plástico a medio hacer con reminiscencias adolescentes

–          Mini-bolsa número 3 o de avituallamiento para todos los gustos y edades, dulce y salado, con gluten y sin gluten

–          Diversos dispositivos para evitar el ahogamiento infantil, véase: churro (by the way, ¿cómo pudimos crecer sin este artefacto?), burbuja, pisicnita hinchable y manguitos. Obviamente no los usos todos, pero ya que están en la mega-bolsa para qué los vamos a sacar.

Invento del siglo, solo superado por el chupete  y el apiretal

Invento del siglo, solo superado por el chupete y el apiretal

Esta comparación, aunque breve en el tiempo, me dejó sumida en mis pensamientos y evocando otros tiempos felices en lo que yo también bajaba a la piscina o la playa tan ligera de equipaje como mi vecina, sin mayor preocupación que la de no dejarme las llaves. Y digo breve, porque como no podía de ser de otra forma a los 5 segundos ya había un niño tirando de mi vestido (nada a juego con mi bikini y con lamparón de papilla de fruta incorporado) diciendo “me quiero bañar, me quiero bañar, me quiero bañaaaaaaaaaaaaaaaar”.  Así que en un instante me vi de nuevo inmersa en la vorágine de la vida piscinera sin oportunidad de abandonarme al divagar de mis reflexiones.

Estos momentos de empanamiento transitorio vienen siendo muy habituales últimamente, porque lo que sí tengo claro es que está vida de vacaciones infantiles, con largas tardes entregada a su divertimento acuático, me están dejando muertamatá. Cuando yo era joven y lozana como mi vecina, ir a la piscina era sinónimo de relax, conversaciones telefónicas interminables con esa amiga con la que hace tiempo no hablas o leer el último best seller de 600 hojas. Ahora equivale a hinchar manguitos, bañarte más veces de las que seguramente te apetecería e ir de un lado a otro recogiendo el campamento gitano que tus niños han tenido a bien instalar ocupando la tercera parte de las zonas comunes de tu urbanización. Leer algo que no sea la etiqueta de la crema solar ni me lo planteo y hablar por el móvil está complicado si quiero salvaguardar el bienestar de mis retoños en el medio marino (tengo dos ojos y dos bañistas junior a los que vigilar, no doy pa más).

Y a Dios pongo por testigo, que después de una infancia en el centro de Madrid sin más agua que la que salía del grifo, doy gracias cada día por tener planazo asegurado y que mis churumbeles estén fresquitos a la par que entretenidos durante las abrasadoras tardes estivales. Pero esto no quita que necesite imperiosamente que toda la Trifamily esté pronto en la misma onda vacacional y no arrastrarme en lugar de vivir como hago ahora. Que la piscina cansa es un hecho demostrado científicamente y avalado por millones de madres y abuelas en el mundo entero, pero si encima te levantas a las 7 de la mañana y trabajas 8 horas mientras los niños están en modo “holidays” ON, pues directamente AGOTA.

Cualquier día de estos me quedo frita haciendo el muerto. Como si lo viera…

P.D. Habrá mas Momentazos Piscineros próximamente

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