Archive | junio, 2013

La Novia de Chucky

28 Jun

El pasado fin de semana me quedé sola  con mis tres retoños mientras Tripadre se iba más contento que unas pascuas desconsolado de despedida de soltero a la tierra de los vinos. A pesar de contar una vez más con el apoyo de Teleabuelo, se me hizo un poco duro estar con los tres. Bueno, más bien con los cuatro, porque tuvimos una invitada especial.

Sí, éramos pocos y parió la abuela. Es una amiguita de La Rubia que de vez en cuando viene por casa y se queda instalada. Tiene un carácter bastante irascible y no suele atender a razones ni es posible mantener una conversación con ella. A veces estoy hablando con La Rubia de algún tema delicado, por ejemplo, “ponte los zapatos que nos bajamos a la calle” y así sin más, mi princesa desparece delante de mis ojos y se persona La Novia de Chucky. No sabría deciros la de veces que esta individua de ojos desorbitados y tendencias agresivas ha tenido a bien pasarse por nuestro domicilio estos últimos días. Será que Tripadre no estaba, será que necesita vacaciones, será que hay luna llena, será que el Pisuerga pasa por Valladolid… Qui lo sá?

chucky

Aquí una instantánea de nuestra simpática amiguita

La Rubia en estado puro es un encanto. Es dulce, cariñosa y reparte besos a desconocidos como pocos niños. Es chiquitina y pizpireta, con unos ojos que lo dicen todo y pone mil muecas cuando está enfadada, triste o cansada. Tímida fuera de casa, dentro es capaz de ponerte la cabeza como un bombo con su charleta. Es obediente y no hay nada como decir “A ver quién se pone antes el pijama” para que salga escopetada y sea la primera en gritar “¡Yoooo!”. Pelín competitiva también es la niña. Destaca por su autonomía desde bien canija y el “Yo sola” es su lema desde que aprendió a hablar. A veces esto le genera ciertas frustraciones, porque aunque no le guste tiene 3 años y saltar a la comba, leer un cuento o atarse los cordones, son objetivos fuera del alcance de su desarrollo neurológico. No tenía ni dos años y ya se subía sola a lo alto del tobogán o se ponía el pijama. Le encanta ayudar a los mayores y siempre está dispuesta a poner la mesa, dar la papilla a mini-wini o llevar la ropa sucia al cesto. También es divertida y le gusta tanto hacer cosquillas como que se las hagas a ella. De risa contagiosa, se parte con los chistes del Mayor aunque no los entienda. Cualquiera que le dedique tres minutos de atención en exclusiva la tiene ganada para siempre. Es feliz si te tumbas con ella en su cama a la hora de dormir para hacerle cosquillitas en la espalda y es en esos momentos donde te regala su mejores frases contándote cómo ha sido su día.

La Rubia: “Mami, El Moreno quiere que sea su novia”

Trimadre: “Ah… ¿y tú quieres?”

La Rubia: “No sé… Es que nunca me obedece y encima no viene cuando le llamo” (vete acostumbrándote hija)

Pero hay días en los que mi instinto de madre me envía señales claras de que La Novia de Chucky está al acecho. Algo en mi interior me dice que en cualquier momento se presentará sin avisar ni llamar antes. Entonces me siento como MacGyver desactivando una bomba de esas que tienen un cable rojo y otro azul. En cualquier momento si no me ando con cuidado hará ¡pum! y estallará en mil pedazos.

Cuando esto ocurre y la llegada de La Novia de Chucky es un hecho, nunca sabemos cuándo se irá. Ella no es como esos niños que salen en Supernanny, que les dejan ahí con su rabieta y a los 3 minutos aparecen sorbiéndose los mocos y dispuestísimos a recoger los juguetes o meterse en la bañera. De eso nada. La Novia de Chucky bate todos los récords. Es capaz de lanzarte objetos, patalear en el suelo hasta dejarse los tobillos o vaciar medio armario mientras da rienda suelta a su temperamento.

Cualquier aproximación que hagas, tiene poca probabilidad de éxito. Si vas por las malas, puede que empiece a darle vueltas la cabeza y que sus gritos se oigan en Sebastopol; y si vas por la buenas, creerá que se ha salido con la suya, y cuando vea que sigue sin poder ir al cole vestida de la Bella Durmiente los límites de La Novia de Chucky rebasarán todas tus expectativas.

Todos los que me leen, padres en su mayoría, tendrán la teoría tan clara como yo misma. Muchos artículos de educación a nuestras espaldas nos dicen cual es la actitud a tomar sin ningún tipo de duda: ignorarla. Créanme que esto lo hemos puesto en práctica con El Mayor y efectivamente, tiene su fundamento. Pero les aseguro que desoír a esta piltrafilla de cabellos dorados es harto complicado. En primer lugar por la duración de los episodios. Uno puede hacerse el tonto 10 minutos pero una vez rebasado este tiempo, te da el tick en el ojo y se hace muy difícil. Segundo porque los ataques frontales cuerpo a cuerpo o bien con armas arrojadizas no pueden dejarte indiferente. Y tercero porque para nuestra desgracia vivimos en un piso y no en un chalé en la sierra y los decibelios que se alcanzan es probable que no sean del agrado de nuestros amables convecinos. Por todo ello, muchas veces tengo que intervenir. Total pa ná. Porque sólo La Novia de Chucky es la que decide cuando se va, tan rápidamente como llegó, dejándote a ti con gran desasosiego y el cuerpo del revés.

Debo decir que al día siguiente de la visita de nuestra amiga, La Rubia amaneció con 38 y medio y las amígdalas como pelotas de tenis, así que quiero pensar que La Novia de Chucky se aprovechó de su estado de debilidad e incubamiento para hacer acto de presencia.

El que no se consuela es porque no quiere.

Misión: Cambio de armario

21 Jun

“Mujer joven (ejem) es ingresada por agotamiento extremo como consecuencia de realizar el cambio de armario”. Esta noticia bien podría haber salido en el periódico el lunes, después de haberme pasado todo el fin de semana dedicada en cuerpo y alma a la ardua tarea de sacar la ropa de verano de toda la Trifamily. All by myself.

Sí señores. Porque Tripadre de este tema se abstiene casi en su totalidad. Es más, desde aquí hago un llamamiento público y si hay algún hombre que se involucre en esta misión solo apta para valientes, que me lo haga saber y remuevo Roma con Santiago para que la Botella le ponga una estatua en El Retiro. Hasta la fecha no tengo constancia de que ningún ser humano XY sepa de lo que estoy hablando. He de reconocer que Tripadre sí se encarga de su propia ropa: “Tranquila cariño, lo mío lo hago yo”. Entonces abre el armario saca un pantalón de pana y un jersey gordo de la balda de en medio y lo mete en la más alta. De ésta coge tres bermudas que pasan a ocupar el lugar del pantalón de pana. C’est fini.

Mientras, a Trimadre no le ha dado tiempo ni a localizar todas las cajas y bolsas que necesita para empezar con la tortura.

Mi ropa aún es controlable. Como diría mi padre “las gallinas que entran, por las que salen”. Bajo caja con ropa de verano, subo caja con ropa de invierno. Ocupa un poco más pero se puede apañar. Se hace una evaluación rápida de que lo que no te vale ni de coña está pasado de moda, lo que hace mucho que no te pones o lo que está para tirar. Y se repite la operación con los zapatos, bolsos y otros complementos. En un par de horas lo tienes. Bien. Yo en este punto me crezco, lo admito. Pienso para mis adentros “otras dos horas y he finiquitao“.

¡Ja! Queda lo peor… Los niños. Empecemos por mini-wini. En teoría el más facilón. El problema es que cuando saco la ropa de bebé nunca acierto con la caja que es. Los carteles que pusimos con la mejor de las intenciones, no se corresponden con lo que hay dentro. Véase: “Ropa niño 1 año verano” y dentro me encuentro los vestidos de La Rubia de 3 a 6 meses. ¿Consecuencias? Que tengo que mirar unas 18 cajas para encontrar los pijamas de manga corta. También suele ocurrir que cuando sacas prendas de hace varios años empieces a hacerte preguntas transcendentales a ti misma que de nada sirven más que para ralentizar la operación “cambio de armario”. Son las del tipo “¿cómo pude comprar yo esto?”, “¿cómo pude guardar este body que está hecho un asco?” o “¿dónde estará aquel peto tan mono de rayas azules?”. ¡Por el amor de Dios!, ¡concentrarse!

Luego seguimos con El Mayor y La Rubia. El procedimiento parece sencillo. Probaremos algunas prendas del año pasado para ver qué vale y qué no. Pero el primogénito de la familia como buen sucesor de su padre, en cuanto oye la frase “pruébate esto” sale por patas directamente, obligándome a perseguirle por toda la casa con un pantalón en la mano. En cambio La Rubia en esto de hacer pases de modelos se muestra más colaboradora, aunque como todo en ella, tiene que ser a su manera. Me pongo el vestido, pero con unos zapatos que peguen, luego me miro en el espejo y le enseño a papá lo guapa que estoy. Pero este otro que me da mi madre no me lo pruebo porque no me gusta. Y punto pelota.

La Rubia en plena pasarela Cibeles

La Rubia en plena pasarela Cibeles

Entre unas cosas y otras la torre de camisetas se ha caído tres veces y se han metido en las cajas otras tantas. Por supuesto a la media hora no me queda una gota de paciencia así que me conformo con probarles dos cosas a cada uno y el resto lo evalúo a ojímetro, o lo que es lo mismo, mediante la superposición de prendas equivalentes.

Pasada la fase de los figurines hay que hacer encaje de bolillos para poder guardarlo todo. Lo de invierno y lo que no vale del verano del año pasado. Es decir, el volumen aumenta. Una evidencia que a ninguna madre le pasa desapercibida. Pero este concepto no le queda claro a Tripadre que en este punto donde las cajas se multiplican y la ropa no cabe donde antes sí lo hacía, se colapsa y me da el consabido discurso de “estos niños tienen demasiada ropa”.

Yo en esos momentos, rodeada por montones de trapos, no estoy muy receptiva la verdad. Bastante tengo con intentar ordenar las cosas por sexo, talla y temporada, acordarme de separar lo que le voy a dejar a mi cuñada y volver a su lugar lo que me devolvió mi amiga hace cuatro meses. Vamos, que esto requiere de una capacidad organizativa que ya quisieran algunos.

Por no hablar del ejercicio físico, que acabo como si hubiese corrido la maratón de Nueva York. El domingo por la noche no me podía ni mover. Hasta agujetas tenía. Y eso que el hombre de la casa me hizo todo el trabajo duro al más puro estilo “porteador africano” pegándose paseos al trastero a la par que sufría en sus carnes esta tiranía que me posee en cuanto a temas logístico-domésticos se refiere. Sin contar las inseguridades propias de mi sexo… “Baja esto al trastero. Uy no, mejor déjala arriba. Mnnn… no, no, mejor la bajas”. Santo varón.

Otro de los inconvenientes es que si no estás encima, el proceso puede alargarse en el tiempo. Los días van pasando y las cajas que antes te estorbaban y con las que te chocabas al levantarte por las noches, pasan a ser parte del mobiliario y oye, este jarrón queda tan mono encima. Menos mal que tengo a Tripadre vigilándome de cerca para que acabe, que si por mí fuera ya me habría acostumbrado a vivir en este camión de Inditex en el que se ha convertido mi casa.

Baby in clothes and hanger

·#8J: Desvirtualización en masa

5 Jun

Pues sí amigos. Me he apuntado al #8J. Y esto… ¿qué es?, os preguntaréis la mayoría de los que me leéis, personas normales y corrientes, que vivís tranquilas y felices ajenas al mundo 2.0.
Pues es el I Encuentro de Madres Blogueras, un macro-evento que han organizado Madresfera y Yo Dona para madres blogueras en el Matadero de Madrid. Todo un día de charlas, mesas redondas y cotilleo a tutiplén para uso y disfrute de esta nueva especie de friki-madre que ha surgido de la mano de internet y las redes sociales. Y no os creáis que somos pocas. Qué va. 300. Sí, habéis leído bien. 300 madres blogueras.

300 madres y algunos padres que le dan al Facebook, al twitter y escriben un blog relacionado con la maternidad o el mundo infantil.

He de reconocer que me ha costado decidirme. Mi blog es un baby-blog. Lo empecé en una habitación de hospital, con un mini-wini pachucho por toda compañía y una larga semana por delante encerrada entre cuatro paredes. Mysister acababa de empezar su propia aventura blogueril así que le pedí que me diera unas nociones básicas para lanzarme con algo. Y aquí estamos. Prácticamente está igual que cuando lo empecé. Ejem, que lo tengo hecho unos zorros, vamos. Y es que entre que el Sr. WordPress no ayuda mucho y una que no es muy ducha en esto de las nuevas tecnologías y que hace dos días no sabía lo que era un widget o un TT, pues se juntan el hambre con las ganas de comer.

A veces no se me ocurre nada que contar, otras, se me acumulan las historias y las voy apuntando en un cuadernito con la esperanza de sacar un rato antes de que las musas de la inspiración me abandonen. A veces escribo el post de una sentada. Otras le doy vueltas y vueltas, se lo lee Tripadre, me lo vuelvo a leer y no me convence. A veces me apetece escribir, otras prefiero recuperar horas de sueño. A veces me digo “voy a chapar este chiringuito que no sé para que me meto en estos envolaos”. Otras pienso “¡qué narices! Esto es mío, mi tesoroooo”. Y entre come-come y movidas mentales, pues van pasando los meses.

Y es que lanzarse en picado al mundo 2.0 y convertirse en una #malamadre es todo uno si no te andas con cuidado. Es muy probable que La Rubia se esmorre del tobogán mientras tú respondes a un comentario del blog o que no te des cuenta de que le estás enchufando el bibi en la oreja a mini-wini si a la vez estás colgando tu último post en Facebook. Así que hay que contenerse, aprender a desconectar y no dejar que te posea la parte adictiva de la blogosfera.

Esto se traduce en que escribo menos de lo que me gustaría y comento poco en los blogs que leo, así que será complicado el momentazo:

Trimadre: “Hola ¿qué tal? mi blog es Trimadre”
Bloguera de éxito: “¿lo qué?”
Trimadre: “Sí, mmmmm….. es que está en el 999 del ranking de Madresfera”

Pero aún con esta cutre-tarjeta de presentación (porque de las de verdad no tengo), me encantará ponerles cara a todas las que están detrás de los blogs que me gustan. Los que llevo meses leyendo o los que acabo de descubrir. Los que me sacaron una sonrisa a las 3 de la mañana en alguna toma interminable o me distrajeron cuando las preocupaciones del día a día no me dejaron dormir. Los que tienen ilustraciones increíbles y los que hacen verdaderas virguerías con las fotos. Los que me dan ideas para hacer planes con la Trifamily y los que comparten sus aventuras maternales con tanta gracia que me hacen soltar una carcajada. Los blogs de mamás expatriadas y los de las acogidas en España que nos cuentan cómo se vive esto de ser madre más allá de nuestras fronteras. A todas las admiro por mantener esa complicada balanza de madre, bloguera y trabajadora (dentro o fuera del hogar). Y con todas sé que comparto, así sin conocerlas, por lo menos las ojeras y las ganas de pasarlo pipa.

Además las charlas tienen muy buena pinta y dada mi ignorancia sobre el mundo virtual, cualquier consejo me vendrá genial.

Espero, para la hora del café, haber perdido toda la vergüenza torera que me embarga y poder lanzarme a la desvirtualización masiva. Para ello confiaré en mis encantos personales y en lo que siempre me ha dicho mi madre, que soy muy sociable. Demasiado dice ella ;).

CON GORRO . . . Y A LO LOCO

como madre, busco la paz · como madrastra, ¡dominar el mundo! (pa qué te voy a engañar)

Three Girls One Beard

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