Archive | mayo, 2013

La Trifamily y la Biodiversidad

26 May

Un sábado cualquiera de hace algunas semanas, la Trifamily amaneció muy temprano. Y cuando digo temprano, quiero decir que era de noche y eso que ya hemos cambiado la hora. ¿La razón? El Mayor, después de pasarse toda la noche tosiendo, a eso de las 6 nos comentó que estaba ahogado perdido y no podía respirar. Tras intentar salvar la situación en casa sin éxito, hubo que ir a urgencias de buena mañana.

A las 8 y 15 estábamos fuera y El Mayor bastaste repuesto, así que nos fuimos a comprar unos churros para desayunar. Ya en casa fueron amaneciendo todos los demás, así que, insólitamente, a las 11 estábamos listos para salir y aprovechar día.  Nos decidimos por el museo de Ciencias  Naturales ya que el mundo animal es una apuesta segura con nuestros churumbeles.

Primero dimos una vuelta por la sala de la Biodiversidad, donde hay montones de animales disecados, casi todos del año de Maricastaña pero en perfecto estado. Aquí Trimadre, que tiene un pasado biológico, se vino arriba e intentó dar un clase magistral a dos niños de 6 y 3 años sobre la distribución de las especies y los distintos hábitats de nuestro planeta, mientras ellos la ignoraban por completo.

El Mayor estaba obsesionado con ver a los dinosaurios, así que nos fuimos para allá pero la colección de fósiles del museo y sus réplicas a tamaño natural no satisficieron sus expectativas.

El Mayor: “Mamá, ¿dónde están los dinosaurios?”

Trimadre: “Son éstos.  Es que son fósiles, los huesos de los dinosaurios”

El Mayor: “Ya,  pero yo no quiero éstos, quiero “los llenos””

Trimadre: “¿cómo que llenos?”

El Mayor: “Siii, ¡llenos!. De carne, piel y esas cosas.”

Claramente este Tiranosaurio Rex está vacío

Claramente este Tiranosaurio Rex está vacío

La Rubia en cambió se decantó más por la evolución del hombre e iba buscando los atributos sexuales de cada homínido a tamaño natural que encontraba a su paso.

La Rubia: “Mira mami, este tiene colita”

Trimadre: “Mmmm…” (hay cosas en las que es mejor no profundizar con los hijos)

Cuando llegó al hombre de Neandertal la encontré en cuquillas observándolo detenidamente.

Trimadre: “¿Qué haces ahí agachada?”

La Rubia:Pos buscando la colita” (Hay que aclarar que el homo neanderthalensis al ser más evolucionado llevaba un refajo que impedía a La Rubia analizarlo en su plenitud).

De nuevo intenté explicarles algunas conceptos antropológicos ya que la que suscribe desenterró algún que otro hueso en sus tiempos universitarios pero todo fue en vano…

El Mayor: “Mamá que no, que yo sé lo que pasó… El hombre éste que es como un mono, se quitó la piel de mono y salió un hombre normal como nosotros pero más feo. Como un superhéroe”.

Siglos de evolución resumidos en una frase… Si Darwin levantara la cabeza movería sus contactos para que me quitasen la custodia.

Debo decir que yo no era la única allí intentando inculcar su sabiduría a sus descendientes. Había otro papá no sé si biólogo, de ambientales o ingeniero forestal, que le explicaba a su hija que no llegaba a los dos años el proceso de fosilización de unos troncos. A la niña en cuestión, sólo le interesaba subirse y saltar desde el susodicho tronco sin importarle lo más mínimo que estuviera o no fosilizado.

De todas formas, creo que El Mayor se quedó con la copla porque esto es lo que dibujó el otro día en el cole llenándome de orgullo y satisfacción.

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Nota de la autora: Cualquier parecido con la realidad (laboral) de Trimadre es pura coincidencia. Hace meses que no cazo una serpiente.

 

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Aventuras en el aeropuerto (by mini-wini)

9 May

Indignado. Abandonado. Ultrajado. Así me siento. Se largaron. Los cuatro. Y me dejaron aquí, único representante de la Trifamily en la península ibérica.

Lo peor de todo fue que me hicieron creer que me iría con ellos hasta el último momento. Toda la semana viendo como Trimadre metía cosas en las maletas, me probaba modelos del Mayor despotricando sobre mi (gran) tamaño y que nada me cabe. Que a ver si se aclara esta mujer… ¿no estaba tan contenta por tener un bebé rechoncho?. En fin, que andaban todos locos de acá para allá, y yo encantado, ya me estaba viendo de nuevo en el Paraíso.

Con mis propios ojos vi cómo empaquetaban mis bibis, todos mis bodis, mis pijamas, mi peine, mi colonia… Ni en mis peores pesadillas habría imaginado que me quedaría en tierra.

Yo estaba tan pichi, solo empecé a desconfiar en el aeropuerto, cuando una señorita muy amable empezó a pedir papeles a los Tripadres. Ellos sacaron unas tarjetitas llamadas DNI, pero la señorita decía que faltaba uno. Trimadre se quedó más blanca que el mostrador y Tripadre fue presa de un ataque de pánico. Tras un intercambio de opiniones entre adultos del que no pillé ni media, Tripadre cogió los mandos de mi carrito conmigo incorporado y me llevó a toda velocidad derrapando en cada curva a ver a unos señores de uniforme que tenían una casita en el aeropuerto. Estos señores no fueron muy simpáticos y no le dieron a mi padre el pasaporte por mucho que él les suplicó, imploró y  enseñó el Libro de Familia, el carné de familia numerosa y la tarjeta Club del Carrefour. Por lo visto, necesitaban oooootro papelote para hacerme la dichosa tarjetita.

Por mucho que le puse morritos y mi mejor sonrisa, no conseguí ablandarle...

Por mucho que le puse morritos y mi mejor sonrisa, no conseguí ablandarle…

Otra vez vuelta a correr y derrapar por la terminal. Yo feliz, me lo estaba pasando pipa y aún no entendía el trasfondo de tanto trajín. Es lo que tiene tener 6 meses, que uno vive en la ignorancia.

Total, que vuelta a debatir los Tripadres. Finalmente se decide que Tripadre vaya al hogar a ver si encuentra el papelote que necesitan los del uniforme para hacerme el pasaporte. Trimadre se queda a cargo de mis dos hermanos, de un carro con tres mochilas y 2 maletas enormes (la tercera la había metido la señorita simpática por un túnel la mar de molón y ya no la pudo sacar) y yo mismo en mi propio carro. Todos en medio del pasillo.

No lo hice por fastidiar, pero con tanta carrera y dado que eran las 3 de la tarde, empezó a entrarme el gusanillo, y al Mayor y La Rubia también. Trimadre empezó a poner caras raras ya que el tema de la movilización se presentaba harto complicado. Finalmente y como mi mamá es una mujer de recursos, montó a La Rubia encima de las maletas y le encomendó al Mayor la misión del conducir mi cochecito.

Empezamos bien, pero a los pocos metros el Mayor ya me había chocado con dos papeleras y cinco japoneses debido a la visibilidad reducida por su escasa estatura. Así que Trimadre bajó a La Rubia para que guiara al Mayor detrás de ella hasta la cafetería, que dicho sea de paso, estaba a tomar viento fresco.

No sé cuánto tardamos, pero para cuando llegamos el gusanillo era un gusanazo y yo empecé a dar alaridos de los míos a ver si me hacían caso. Una vez ubicados, Trimadre dejó al Mayor dándome el biberón, a La Rubia vigilando las maletas y se fue a por bocatas para todos, eso sí, manteniendo el contacto visual con su prole. Sinceramente, creo que mi madre se excede delegando sus tareas y confiar mi cuidado y alimentación a menores de seis años lo veo pelín arriesgado, pero bueno, ella sabrá…

Al rato llegó Tripadre sudando tinta china. Tardó un rato en recuperarse, puesto que había ido y vuelto a casa en taxi en menos de media hora con un tal Fernando Alonso, que empatizó al momento con la tragedia familiar. Tanto jugarse la vida para al final no encontrar el papel de las narices…

Entre tanto fueron llegando mis abus, que como siempre acudieron a la llamada de Teleabuelo. Yo estaba muy contento con tanta visita pero cuando vino Tripadre tras recuperar la maleta que se había tragado el túnel misterioso, ya sí que me empecé a mosquear. En mitad del suelo del aeropuerto, se pusieron a sacar todas mis cosas y a ponerlas en otra maleta. Se creen que no me entero de nada, pero a mi conejito de dormir no le pierdo de vista. Después La Rubia empezó a llorar que si mini-wini no viene, que si mini-wini por aquí y mini-wini por allá… A Trimadre se le cayeron un par de lagrimones también y de repente, ¡zás!. Besitos de unos y otros, y desaparecieron. ¡¡Los cuatro!! Y allí me dejaron con mis abus.

Allí que se fueron todos sin mirar atrás...

Allí que se fueron todos sin mirar atrás…

Me quedé en shock la verdad. Al principio no sabía que pensar… ¿los han abducido?, ¿están secuestrados?… Mi pequeño cerebro le daba vueltas al tema. Bueno, tampoco muchas, he de reconocer, ya que yo estaba con un rey. ¿Cuándo he tenido yo a mis dos abus para mi solito? ¿y a mis tíos dándome paseos, baños y masajitos? Tenía que aprovechar que igual es la última vez.

Cuando ya me había hecho a la vida de marajá, de pronto un día volvieron. Todos alterados y dándome muchos besos y abrazos. ¡Qué agobio! Y aquí es cuando me he empezado a enfadar. Me da a mí que las lágrimas de las féminas de la Trifamily eran de cocodrilo. Desde que han vuelto no oigo más que “qué bien lo hemos pasado”, “no hemos parado”, “mini-wini habría pasado mucho frío”, “mini-wini no habría aguantado tanto coche”… ¡No te digo!, ¡si al final se alegrarán de haberme dejado aquí!

Eso sí, de ésta me vengo. De momento ya llevo dos noches despertándome a las 5 de la mañana. Así la próxima vez se lo pensarán dos veces antes de largarse sin mini-wini.

CON GORRO . . . Y A LO LOCO

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