Las primeras vacaciones de la Trifamily Parte I

2 Abr

El viajar es un placer, que nos suele suceder… O al menos lo fue, en la era a. C. (antes de los Churumbeles), cuando Tripadre y yo recorríamos España más solos que la una y más felices que unas perdices. Que nos apetecía parar a tomar café en un Parador, pues nos parábamos. Que nos apetecía desviarnos 100 km para ver una iglesia románica, pues nos desviábamos. Y tan contentos. Solía conducir Tripadre y yo me encargaba del hilo musical y del avituallamiento, que básicamente consistía en un paquete de chicles y una botella de agua. Pequeña.

Con la llegada del Mayor no cambió mucho la cosa, él iba tan a gusto en su cuco homologado, mirando al techo y haciendo gorgoritos. Después en su sillita feliz de la vida. Luego llegó La Rubia que también disfrutó del viajar en horizontal, protegida con la capota para que no le cayeran encima las migas de galleta de su hermano y dormida casi todo el tiempo.

Cuando ella creció un poco el tema empezó a ponerse divertido y se hizo indispensable la presencia de un adulto ubicado entre los dos niños para imponer la paz y atender sus necesidades vitales: pon el DVD, quita el DVD, dame una galleta, quiero agua, se me ha caído el cuento… y un largo etcétera. Las veces que uno puede agacharse yendo con los niños detrás supera cualquier expectativa que tengas. A por el tapón de la botella, a por la bolsa de patatas, a por los CDs… Haces un montón de abdominales. Lástima que las compenses con las chuches babeadas, restos de pelotazos y sobras de bocatas que te comes. Por estas razones, empezó a haber tortas entre Tripadre y yo para conducir. Porque es obvio que el que conduce debe ir concentrado en la carretera y ajeno a lo que se cuece en el asiento de atrás. En cambio, al que le toca lidiar con las fieras enjauladas en el coche, acaba mareado, enloquecido y con un dolor de cabeza que no se le quita hasta los dos días de haber llegado al destino.

viajar

Con la llegada de Mini-wini hemos probado todas las (escasas) posibilidades que nos ofrece nuestro coche familiar sin haber llegado aún a una conclusión clara.

Primero optamos por poner a Mini-wini delante de copiloto, pero como ya he contado varias veces, el niño tiene un carácter algo irascible, así que acababa sacando de quicio al conductor. Además uno de los Tripadres tiene que ir detrás en medio y la verdad, meterse ahí con las sillas es más propio de una contorsionista china que de una madre, doy fe.

Después probamos con Mini-wini en medio. Error. Demasiado accesible para La Rubia. Además la introducción y extracción del niño en el coche es harto complicada. Prácticamente hay que cogerle de una pierna y dejarle caer a la altura de la maxi-coxi. Después optamos por El Mayor en medio. Ahora el inaccesible para los Tripadres es Mini-wini pero bueno, El Mayor se apaña bastante bien poniendo chupetes.

Una vez habíamos decidido que esta era la mejor alternativa, llegó el momento de emprender nuestro primer viaje de más de 100 km como familia numerosa. Pero si hay algo vital para que el viaje sea un éxito y sin lo que no sé cómo sobrevivían nuestros progenitores, es el DVD del coche. Aunque a veces también puede ser fuente de altercados del tipo “Yo quiero el Rey León”, “pues yo La Cenicienta”, en general es ponerlo y reina la paz en el vehículo al menos una horita. El caso es que las pantallas se colocan en los respaldos de los asientos delanteros así que Mini-wini volvió al medio para que El Mayor pudiera ver las pelis más cómodamente.

El viaje de ida transcurrió sin complicaciones. Salimos solo un par de horas más tarde de lo previsto, los niños se portaron fenomenal y lo más importante, Mini-wini durmió como un ceporro. Se despertó, paramos, tomó su biberón y siguió durmiendo hasta que llegamos. En el camino jugamos al veo-veo, a los personajes y a las adivinanzas. Comimos gusanitos y sanwiches de nocilla. Parecíamos la familia del anuncio de Génesis Seguros. Tal era nuestra felicidad que Tripadre y yo comenzamos a hacer planes para recorrer Europa en coche este verano, haciendo kilómetros con nuestros hijos a los que por supuesto beatificarían por su ejemplar comportamiento en la carretera.

Pero amigos, todo viaje de ida, tiene un viaje de vuelta. Y aunque nos las prometíamos felices, la pesadilla comenzó a los 40 minutos de salir. Primero La Rubia entró en un bucle de lloros y gritos, no dejando oír la peli a su hermano mayor y no dejando dormir al pequeño, con el consiguiente cabreo de ambos. Las primeras dos horas fueron de aúpa. Me convertí en una especie de Elastigirl intentando dar un biberón desde delante y girándome una y otra vez para hacer callar a la novia de Chucky por supuesto sin éxito. Después de la parada obligatoria pensamos que haríamos la segunda parte algo más tranquilos ya que los dos mayores se quedaron fritos, pero entonces fue Mini-wini el que dijo “aquí estoy yo”. Empezó a berrear sin parar y por mucho que estiré el brazo no le pareció suficiente notar mi mano en su pelona cabeza para consolarse. Así que tocó parar otra vez. El pobre iba hecho un cromo, había vomitado y estaba calado por algún escape del pañal. Tras recomponerle y achucharle un poco, le colocamos delante para que tuviera contacto visual con Trimadre y fuese más tranquilo.

Aquí Trimadre intentando poner el chupete a mini-wini, abrir una piruleta a La Rubia y poner el CD de los Cantajuegos, todo a una.

Aquí Trimadre intentando poner un chupete, abrir una piruleta y poner el CD de los Cantajuegos, todo al mismo tiempo.

Así que reanudamos el viaje y disfrutamos del primer rato de silencio después de 4 horas que no se las deseo ni a mi peor enemigo. Todo era paz y tranquilidad, incluso logramos cambiar a Enrique y Ana por Van Morrison, hasta que de pronto, la cara de Tripadre empezó a palidecer al mismo tiempo que la velocidad del coche a descender.

120, 100, 80, 60, 40… El coche que no va a más. Tripadre que empieza a soltar improperios. Trimadre que empieza a notar la falta de oxígeno. Acongojados conseguimos salir de la autovía por la primera salida que encontramos. A 30km/h llegamos a una gasolinera y paramos para evaluar la situación.

23:00 horas. A 130 km del hogar. Tres niños KOs. Un coche que no arranca. Dos padres aterrorizados.

CONTINUARÁ

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10 comentarios to “Las primeras vacaciones de la Trifamily Parte I”

  1. Almudena abril 3, 2013 a 1:22 pm #

    Por favor por favor, necesito la Parte II ya…. Soy recién estrenada trimadre y me he dado de bruces con tus reflexiones sobre la organización del coche… Estaba ya pensando en anular la reserva del
    apartamento de veraneo cuando de repente os quedáis en la gasolinera…

    • trimadre abril 3, 2013 a 5:40 pm #

      Jajaja bienvenida al club de trimadres!! En un par de días la segunda parte, paciencia! Pero te adelanto que estamos todos sanos y salvos 😉

  2. Maria Serra abril 3, 2013 a 8:25 pm #

    En serio???? Que bonito viaje familiar!!!! Jajaja me parto contigo… y ya veras cuando crezca mini-wini y tengas dos pantallas, tres criaturas y luchas por no ir en el medio….. (que no tiene pantalla…). En mi caso siempre cede la misma…. la mayor. Bsss blogera! !! Queremos la parte 2!!

    • trimadre abril 6, 2013 a 12:18 am #

      Ayyyyy María!! es verdad!! me da a mí que también será el mayor el que ceda, jajaja. Ya sabes que eres mi ídola Trimadre 😉

  3. Teresa abril 3, 2013 a 11:16 pm #

    Ja ja ja ja!!!! No seguiréis allí no??!!

  4. Toni abril 4, 2013 a 8:22 pm #

    Me encanta éste blog!

  5. lamadretigre mayo 29, 2013 a 12:47 pm #

    Si es que no me escucháis…

    NI DVD ni cuento ni ná. Nosotros viajamos con las cuatro a pelo y nos va divinamente. Como mucho les damos una botella de agua. No más. Y si se cae el tapón no se recoge. Y aquí paz y después gloria.

    Las niñas se han acostumbrado a viajar sin entretenimientos añadidos y dan cero guerra. Cantan, charlan y juegan a cualquier cosa que se les ocurra. Y miran por la ventana, mucho, y por lo menos van viendo como cambia el paisaje de un país a otro.

    La semana pasada nos hicimos ocho horas de ida, ocho de vuelta y una media de cuatro o cinco horas diarias de coche en las excursiones. Ni mú, todas felices como perdices. Mis hijas donde mejor están es a buen recaudo en el coche. Hazme caso y deshazte del DVD que esos aparatos los carga el diablo.

    Besos.

    • trimadre mayo 29, 2013 a 1:34 pm #

      Jajaja mira que eres como un gurú de la maternidad pero… Deshacerme del DVD?? Estamos locos???? Es broma… Hay muchos viajes en los que no lo usamos, cantando y jugando ni nos enteramos pero cuando se revoluciona el personal viene bien, aunque sea para que se queden sopa 😉 mi mediana es rubia como las tuyas pero la carga el diablo, te la cambio por 3 la primera quincena de julio!

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