Archivo | febrero, 2013

Diez cosas sobre los despertares nocturnos

27 Feb

Durante estos últimos cinco años los Tripadres nos hemos hecho expertos en despertares nocturnos. En principio parecerían todos iguales, el niño se despierta y te toca levantarte. Punto. Pero de eso nada. Hay todo un mundo detrás de cada espabilamiento in the middle of the night. Aquí os presento la clasificación que he realizado basándome en un estudio realizado en 108.724 casos prácticos, en tres individuos de 0 a 5 años, tomados de uno en uno, dos en dos e incluso tres en tres.

1. El despertar “necesidades básicas”: Un clásico. Aquí se engloban los típicos “mamá pis”, “papá agua”. Nosotros hemos probado a poner el agua encima de su cogote, biberones antigoteo en la cuna, dejar encendida la luz del pasillo y hasta hacer un caminito fluorescente hasta el baño como en los aviones… pero nada. Siempre nos llaman. Luego dirán que no tenemos comunicación con nuestros hijos. Entra en la categoría de despertares breves.

2. El despertar “chupete”: Es cuando tu pequeño decide que necesita imperiosamente succionar y no encuentra con qué a pesar de que le has acostado con una docena de chupetes distribuidos estratégicamente por toda la cuna. Aún así, te toca ir y poner fin a su sufrimiento. Está comprobado que el incremento en el número de chupetes no disminuye el número de despertares. Sólo conseguirás que se levante con la palabra Nuk tatuada en el moflete. Suele ser de corta duración.

3. El despertar “enséñame la leche”: Cuando el despertar “chupete” se prolonga en el tiempo, seguramente el lactante necesita algo más consistente que la silicona/caucho para calmarse. Sabe lo que quiere y lo quiere YA. Hagas lo que hagas ya vas tarde. Para mini-wini tengo la infraestructura preparada en la cocina para que la duración sea mínima. Leche en polvo dosificada y biberón lleno de agua. Sólo queda darle al play del microondas y en 30 segundos está listo. Este despertar aunque es propio de menores de un año no debemos descartarlo en los mayores. Una vez La Rubia me pidió un plato de macarrones a las 3 am. Palabrita. De duración media-larga según se nos dé la toma.

4. El despertar “vacilón“: Es aquel en el que los padres se encuentran durmiendo plácidamente cuando escuchan el llanto o llamada del retoño. Con gran esfuerzo por su parte, uno de los progenitores se levanta de la cama y cuando va por mitad de pasillo, el reclamo en cuestión cesa. A veces llegas hasta su cama para encontrártelo durmiendo como un bendito. El padre o madre, regresa al calor del sobre, se tapa y se acomoda de nuevo cuando de repente, se vuelve a oír. Con insistencia. La “rellamada” nunca ocurre antes de que te hayas vuelto a acoplar en tu cama y cerrado los ojos. Jamás. Se repite la misma jugada mínimo otras tres veces para desesperación de lo padres. En ocasiones puedes llegar a oír sus risas malévolas, pero es fruto de tu imaginación. De duración media que se hace muy larga.

5. El despertar “cazafantasmas”: Relacionado con las pesadillas y miedos que acechan a los churumbeles en la oscuridad de la noche. Por mucho que les pongo Monstruos S.A. no terminan de convencerse, y a partir de las 12 aparecen por mi casa lobos, leones y “señores” de dudosas intenciones. La duración es variable. A veces el asunto se resuelve rápido pero otras hay que quedarse a hacer guardia en la habitación no vaya a ser que vuelvan.

Aquí un grupo de padres listos para combatir monstruos y otras criaturas

Aquí un grupo de padres listos para combatir monstruos y otras criaturas

6. El despertar “Night Walkers”: En homenaje al anuncio de IKEA con el que me siento tan identificada. Se repiten todo tipo de despertares varias veces a lo largo de la noche, ya no sabes quién te ha llamado ni cuántas veces pero los tres sujetos suelen estar implicados. Te duermes donde caes, puede ser el sofá, la cama de La Rubia o la cuna del mini-wini. A eso de las 6 abres el ojo y no sabes ni dónde estás. En éste el Tripadre es experto.

7. El despertar “afterhour”: Es de esas noches en las que tu hijo se despierta a las 4 de la mañana como si hubiera dormido 12 horas. No le hables de dormir porque lo que él quiere es fiesssssssta. Yo he oído cosas como “ponme los Cantajuegos”, “vamos al parque”o “llévame al zoo”. La idea del infanticidio se pasea por tu mente. La duración es larga, muy larga, hasta que vuelves a meter en vereda al juerguista en cuestión.

8. El despertar “A palabras necias oídos sordos”: Si vuestros churumbeles son como los míos de esos que no callan ni debajo del agua, puede ser que también les dé por manifestar sus opiniones a altas horas de la madrugada del estilo “dámelo, que es mío”, “¡que digas la palabra mágica!” o “que no quiero irme todavía”. Tú que has salido de la fase REM a trompicones, vas hasta su vera con los ojos medio cerrados para acabar dándote cuenta que la conversación no es contigo. La duración también es breve.

9. El despertar “Tomasín”: Lo llamo así en honor al encantador niño de la peli “El Orfanato”. Estas veces El Mayor o La Rubia tienen a bien plantarse a la vera de mi cama cuando estoy como un tronco. Se quedan ahí parados mirándome hasta que me despierto. El susto que te pegas es de órdago. Es muy chungo que te den miedo tus propios hijos. Duración variable dependiendo de las intenciones del niño-espectro.

10. Despertar “La novia de Chucky”: En éste La Rubia es especialista. Si viviéramos en el siglo XII y no supiera que son terrores nocturnos, ya la habríamos llevado a exorcizar. Por mucho que lo cuente, esto es pa vivirlo. Te mira como si fueras la bruja de Blancanieves, si te acercas mucho te puedes llevar un mamporro y llora y grita que ni la Belén Esteban en Sálvame Deluxe. Así se puede tirar media hora hasta que despierta. También te suele dejar acongojado y siempre se te hace demasiado largo.

Lo más entretenido del asunto es que estos despertares son combinables entre sí en la misma noche y hasta pueden protagonizarse por distintas criaturas. Obviamente a más niños, más probabilidad de disfrutar de todos y cada uno de ellos en la misma noche.

¿Y vosotros? ¿Creéis que me dejo alguno?

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La Trifamily y los impresionistas

21 Feb

Hace ya unas cuantas semanas, y gracias a la inestimable colaboración del Capitán SinSueño, la trifamily amaneció un sábado más con los primeros rayos de sol. Esta vez se nos dio bien y a eso de las 11 estábamos todos vestidos, aseados y listos para salir por la puerta.

Los tripadres debatimos el plan a seguir dado que llovía a cántaros y en un momento de enajenación mental transitoria, nos pareció una gran idea ir con toda la prole a ver la exposición de “Gauguin y el Viaje a lo Exótico” en el museo Thyssen.

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En la era a.C. (antes de los Churumbeles), gustábamos de ir a este tipo de eventos con cierta frecuencia, y como ya se sabe que el que tuvo, retuvo, pues nos pareció un planazo, empanados como estábamos por las pocas horas de sueño que llevábamos en el cuerpo.

Así que a eso de las doce estábamos dejando el coche en el parking. Cuando salimos al exterior empezó nuestro particular “Viaje a lo exótico”. Como he dicho, llovía, así que tras poner el plástico al carro, poner capuchas, repartir paraguas y abrir paraguas sin sacar el ojo a nadie, emprendimos nuestro camino hacia el museo saltando charcos y esquivando guiris.

Al doblar la esquina del Paseo del Prado ya vislumbramos que la cosa no pintaba bien. La entrada estaba colapsada por ordas de japoneses, pero aún así no perdimos la fe y nos dirigimos a la taquilla. Allí nos esperaba una cola más larga que un día sin pan y un gran cartel luminoso anunciando que el próximo pase para la exposición de Gauguin era a las 16:45. Caras de póquer, intercambio de miradas de terror… hasta nos pareció escuchar al propio Barón Thyssen desde el inframundo diciendo:”¡¡¿¿A QUIÉN SE LO OCURRE??!!”. Tienes razón Heinrich, mea culpa.

En éstas nos hallábamos, a tomar viento de nuestra casa, con dos menores de 3 y 5 años y un lactante, a los que habíamos jurado y perjurado que ver cuadros era mucho más guay que los Cantajuegos en directo. Algo había que hacer.

De pronto lo vimos: “Exposición gratuita” en el segundo piso, y allá que nos fuimos.

Como íbamos con carro, le preguntamos a una vigilante cómo subir. Aquí comenzó la odisea en el museo. La vigilante número 1 sacó su walkie talkie y nos dijo con un halo misterioso: “Síganme”. Nos llevó hasta un ascensor y allí se comunicó con el vigilante número 2: “Te mando familia con carro”. Al salir nos esperaba el número 2, que informó a la número 1 de nuestra llegada: “Los tengo”. A su vez se comunicó con el Vigilante número 3 para que nos recogiera en la puerta de la sala de la exposición permanente y nos condujera hasta nuestro destino.

Como os habréis imaginado, el motivo de tanta escolta no es que nos confundieran con Borja el hijo de Tita y su familia, no señor. Más bien que no nos coláramos y viéramos de gorra alguna de las exposiciones de pago del museo. Que digo yo que como para colarse con dos niños, un carro y 3 paraguas. Desapercibidos no pasábamos precisamente.

en nada. Thanks God...

Podría entender la equivocación ya que Trimadre y Blanca Cuesta compartimos talla y hechuras. Tripadre y Borja en cambio no se parecen en nada. Thanks God

El vigilante número 3 nos dirigió a través de una de las salas que no sabría decir que contenía ya que miedito me daba levantar la vista no fuera a ser que me dieran una colleja. Por fin, abrieron una puerta misteriosa y accedimos a la exposición gratuita.

Gran decepción. Una sala como el salón de mi casa con 6 u 8 cuadros máximo que imagino que la Baronesa llevó allí un día después de hacer limpia en su casa. Porque esto es así amigos, unas hacemos limpia de bodies sin corchetes y pijamas con bolitas, y otras hacen limpia de obras de arte.

Dimos cuatro vueltas, contándoles al Mayor y a La Rubia todo lo que se nos ocurría, pero por mucho que lo intentamos no dio para más. Era hora de emprender el camino de vuelta. Esta vez nos abstuvimos de informar al vigilante y ser el centro de todas las miradas, así que Tripadre sacó al macho alfa que lleva dentro y bajó el carro de mini-wini él solito dos pisos, mientras yo vigilaba que los otros no se esmorraran escaleras abajo. (Nota de la autora: las botas de agua patinan en los suelos marmoláceos de los museos).

Recogimos nuestro orgullo herido y nos fuimos para casa. A los niños ni les preguntamos qué les había parecido por miedo a la respuesta, así que les dimos una bolsa de gusanitos y aquí no ha pasado nada.

Como de todo se aprende en esta vida, estas son las lecciones que hemos sacado de nuestra infructuosa visita cultural:

  1. El museo Thyssen tiene venta anticipada de entradas por internet
  2. También hacen descuento a las familias numerosas
  3. Unos padres responsables tienen que pensárselo 2 veces y no dejarse llevar por la emoción ante lo que de primeras puede parecer el plan del año.

Somos de ideas fijas, así que ya hemos fichado la nueva exposición “Impresionismo y Aire Libre”. Tenemos hasta el 12 de mayo para que vuelvan a alinearse los planetas. Deseadnos suerte.

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El Capitán SinSueño

14 Feb

Sí amigos. Así se denomina a sí mismo El Mayor, muy orgulloso de ese don que le ha otorgado la Madre Naturaleza de ser inmune a los brazos de Morfeo. Encima, se cachondea.

Sospechamos que cuando rondaba el año de edad, el mismísimo Edward de Crepúsculo, se introdujo en su cuarto por la ventana una noche para pegarle un bocao en toda la yugular, porque desde entonces más o menos, el dormir no es una de sus necesidades vitales. Podría decir que el comer tampoco, pero esa es otra historia.

De pequeña me encantaban las aventuras del Pequeño Vampiro. Ahora no me hacen tanta gracia...

De pequeña me encantaban las aventuras del Pequeño Vampiro. Ahora no me hacen tanta gracia…

Es normal que el niño se considere un superhéroe porque tiene habilidades de las que cualquier humano carece, todavía más sorprendentes si tenemos en cuenta que tiene 5 años. Da igual a la hora que se acueste, que a las 7:30 como muy tarde su reloj biológico da las campanadas y se pone en pie con una hiperactividad que te deja sin respiración. ¿Que fuisteis de boda y se acostó a la 1 de la madrugada? Da igual. ¿Que fue Nochevieja y le dieron las 2 bailando Bisbal? No problem. ¿Que ha estado malo y ha pasado una noche toledana despertándose cada dos horas? No hay dolor. Él ni siente ni padece.

El problema es que al igual que los padres de Superman, los Tripadres carecemos de esta cualidad. Más bien tenemos la contraria. Desde hace 5 años no vivimos, nos arrastramos, por la falta de sueño acumulado. Esta disparidad de caracteres hace que haya choques, sobre todo a esas horas de la mañana en días no laborables.

Por un lado tenemos al Capitán SinSueño que ha tocado diana a su hora estándar, con las 4 rayitas de su batería a tope. Por otro, tenemos a los Tripadres que están literalmente KO, y que con un 99,9% de probabilidades han sufrido varios despertares nocturnos causados por uno o varios de sus churumbeles.

Entonces es cuando tienen lugar conversaciones incoherentes con un intercambio de frases absurdas ya que los Tripadres sólo pueden pensar en una cosa: volver a amodorrarse y cerrar los ojos, aunque sea media horita más. Este pensamiento les ciega y hace que digan cosas incoherentes hasta para un niño que no ha pasado a primaria.

– “Vuelve a la cama y cierra los ojos muy fuerte”. El Capitán SinSueño te mira atónito. ¿Qué parte de que “estoy despierto” no has entendido?

– “Si no quieres dormir, no duermas, pero túmbate en la cama y descansa”. ¿Me estáis tomando el pelo? ¿Un nuevo día lleno de posibilidades se abre ante mí y me dices que descanse????.

– “Vete al salón y mira por la ventana que aún es de noche”. Respuesta: “El otro día en el parque también era de noche y estábamos en la calle”. Más razón que un santo.

– “Quédate en la cama hasta las 8”. De acuerdo, piensa el Capitán SinSueño… “¿Cuándo son las 8?” En tercero de infantil no explican esto… “Toma el despertador y lo miras”, le dice Tripadre muy seriamente. A primera vista, parecería una buena idea, pero cada vez que aparece un 8 en la pantalla El Capitán vuelve a la carga. A las 7:38, 7:48, 7:58… “¿Yaaaaaaaaaaa?”. Es como una tortura china en versión matutino-infantil.

Cuando ya no podemos más, Tripadre reúne las fuerzas necesarias para abandonar el calorcito del edredón, se levanta y le pone una peli. Esto nos da un poco de tregua aunque tampoco podemos cantar victoria y volver a dormir a pierna suelta. Porque o bien en la peli hay un malo malísimo cuyas escenas de protagonismo hay que pasar a mayor velocidad, o por el contrario ocurre algo interesantísimo que en la opinión del Capitán SinSueño es digno de compartirse con sus progenitores aunque ambos estén como troncos, o bien aparece La Rubia en escena, que aunque más dormilona, no puede permanecer ajena a los trajines pasillo arriba pasillo abajo de su hermano mayor. Y de ella, sinceramente, no nos fiamos lo suficiente para que pulule por la casa sin la supervisión de un adulto.

Seguramente entre medias, mini-wini habrá reclamado lo que es suyo, así que se acabó lo que daba. Aquí ya no duerme ni perri. Hay días donde el agotamiento es tal, que los Tripadres hemos hecho turnos para echar otra cabezadita. Uno se levanta con los albores del alba y el otro descansa un rato y a eso de las 9 hacemos el intercambio. De primeras crees que después de dos horas despierto jugando a indios y vaqueros no cogerás el sueño, pero sí se coge, sí. Es cuestión de práctica y supervivencia.

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Gracias a Dios, el Capitán SinSueño como todo superhéroe tiene su Kriptonita que sus papás no tienen inconveniente en proporcionarle para salud de toda la familia: La SIESTA del fin de semana. Conseguir que acceda es chungo de narices y requiere de mucha negociación. En la cama de papá y mamá, después vamos a la piscina de bolas, te compro un Ferrari… todo vale. Pero al final, cae, así que no perdemos la ilusión de que aún haya una pizca de humanidad en su ser. Y por supuesto, detrás suyo caemos todos los demás.

Lo que me da mucha rabia es pensar que seguramente mi madre tenga razón, y cuando tenga 18 evolucionará como un Pokemon y dormirá todo lo que no ha dormido ahora, pero para entonces la que no tendrá un sueño tan profundo seré yo, que estaré a otros menesteres como dónde estará, con quién habrá salido, habrá bebido… y demás preocupaciones maternales propias de la adolescencia de los hijos. He calculado que entre los 6 años de mini-wini y hasta los 14 del Mayor, tendremos 3 para volver a disfrutar del sueño ininterrumpido y levantarnos más allá de las 8 de la mañana. ¿Será posible? Solo de imaginármelo me emociono. La esperanza es lo último que se pierde…

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Diez cosas positivas de la Operación Biberón

10 Feb

Se ha escrito mucho sobre las bondades de la lactancia materna, todas ellas ciertas y demostradas científicamente. Es lo mejor para el bebé, le pasas tus defensas, será menos propenso a alergias y enfermedades y es la alimentación más completa. Es lo mejor para la mamá, porque protege del cáncer de mama, ayuda a la recuperación post-parto y puede comerse todos los bocatas de Nocilla que le apetezca sin remordimientos. Pero la primera razón por la que he dado el pecho a mis tres retoños es simplemente porque me encanta. Desde que El Mayor se enganchó como si le fuera la vida en ello a los 2 días de nacer y con 2 kilillos de peso, yo también me enganché a esa sensación tan guay de sentir su calorcito piel con piel y su pequeña mano haciéndome cosquillas en la espalda. Tengo que reconocer que en está misión maternal del amamantamiento me ha acompañado la suerte. Será por mis genes gallegos, pero soy una central lechera con patas y no he sabido lo que es una grieta. Mucha gente te dice “Es que el pecho sólo se lo puedes dar tú” como si fuera algo negativo. Ay amigos. Es que eso es precisamente lo mejor del asunto para la que suscribe. Ser the one and only para mi criaturita y tenerlo todito pa’ mí.
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El caso es que por motivos de salud de la Trimadre que son de fuerza mayor, y muy a mi pesar, ayer fue el último día que le di el pecho a mini-wini. Con todo el dolor de mi corazón, me he visto obligada a romper esa relación de amor, ese tándem perfecto mini-wini/teti. Es cierto que no llevaban mucho tiempo juntos, pero su idilio estaba en su mejor momento. Atrás habían quedado los días de top-less perpetuo, tomas cada hora y media y esas peleas con el pezón de ni contigo ni sin ti. Ella lo era todo para él: su consuelo, su alimento, su quita-hipo, su anestesia para cualquier molestia que pudiera tener. Pero a pesar de todo, tuvimos que iniciar la “Operación Biberón”.

El destete forzoso es un asco. No hay por donde cogerlo. Si lo haces rápido es un horror y si lo haces despacio es prolongar el sufrimiento así que no sé qué es peor. Hemos pasado unos días muy divertidos en casa de la Trifamily. Por mi parte llevo dos piedras colgando y mantengo una relación amor-odio con el sacaleches. No lo puedo ni ver pero lo necesito para seguir viviendo. Me ha dolido todo a parte de lo obvio, los brazos, la espalda… Curiosas interconexiones corporales ligadas a nuestra condición mamífera.

Luego está la parte psicológica. Entre el lío hormonal y la pena mora que me invade, me ha costado varios días darle a mini-wini un biberón sin que me caigan lagrimones. Así que para animarme y subirme la moral he decidido pensar en diez cosas positivas de este mi nuevo estado de mujer no-vaca. Aquí van:

1. Hacer una pira con todos los sujetadores de lactancia. Prenda antilujuriosa donde las haya que además constituye un atentado contra la moda íntima. Ya sea en su versión corchete o ganchito, nunca atinas a la primera y acabas metiéndote mano a ti misma para poder cerrar la dichosa tapa. Encima son feísimos, valen una pasta y sientan fatal. Ni uno solo voy a dejar vivo.

¿Es o no es para espantar a cualquier tripadre?

¿Es o no es para espantar a cualquier tripadre?

2. Voy a mandar el sacaleches al lugar del que nunca debió salir: el trastero y podré olvidarme del ordeñamiento por siempre jamás. Amigo Medela, hasta más ver.

3. Deshacerme de los discos de lactancia. En esas primeras semanas, cuando “a demanda” significa “a todas horas del día y de la noche” y te pasas la vida en un streaptease permanente, los pierdo por todas partes. Luego aparecen en los lugares más inverosímiles. Bajo el edredón, en el baño, debajo del sofá… No me preguntéis cómo lo hago pero hasta La Rubia aparece de vez en cuando con alguno en la mano: “Mami, toma tu circulito”. También los echaría a la hoguera, pero me da a mí que estos artilugios los carga el diablo y parecen altamente inflamables así que me tendré que conformar con tirarlos a la basura.

4. La Rubia va a estar feliz, porque por fin podrá darle un bibi a su hermano. Desde que nació estaba deseando colaborar en la alimentación de mini-wini y como veía que la opción era teta o teta pues decidió posicionarse a mi vera en cada toma y estrujarme la delantera “para que salga más lechecita”.

5. Podré volver a ponerme vestidos. Entre embarazo, lactancia y cambios de estaciones hace casi dos años que no me los pongo así que va a ser casi como estrenarlos. Dar el pecho limita mucho el vestuario. Los vestidos están vetados a no ser que quieras montar el espectáculo allá por donde vayas. Será una novedad abrir el armario y ponerme lo que me apetezca sin pensar si voy a enseñarlo todo cual Sabrina en Nochevieja.

6. Dejaré de desayunar como si no hubiera un mañana así que ya no tengo excusa para no ponerme a régimen. En realidad esto no es muy positivo, más bien es un perezón pero hay que intentarlo que en un periquete estamos luciendo cuerpos en la pisci de la urba.

7. Voy a ir a la pelu. Ya sé que se llevan las mechas degradadas, pero la verdad, no es mi estilo. Por fin podré tirarme 4 horas con el pelo empapelado y hacerme un brushing de 25 minutos mientras me empapo de cultura social con los “Holas” de los últimos 6 meses. Deseandito estoy.

Por mucho que a Drew le queden bien, yo no me veo

Por mucho que a Drew le queden bien, yo no me veo

8. Me voy a tomar un GinTonic de los que hacen afición. No me conformaré con cualquier cosa. Mínimo tónica Fever Tree, con cáscara de limón en una perfecta espiral y en copa de balón. De esos de los que te pegan un sablazo de 14 euros. Digo uno, porque después de meses de abstinencia me puedo poner muy tonta así que mejor vayamos poco a poco.

9. Me iré de cena con Tripadre. Dejaré a los niños con María Poppins después de no sé cuantos meses y disfrutaremos de una cena de dos que no sea de Gosushing en nuestro acogedor salón. Este punto se puede disfrutar previamente al número 8, haciendo una excepción a lo del régimen porque yo lo valgo.

10. Y por último, lo más importante de todo. Volveré a estar estupenda y encontrarme fenomenal para poder levantarme 8 veces por la noche, pasear a mini-wini, estrenar con El Mayor sus nuevas botas de fútbol y montar en bici con La Rubia. En definitiva, disfrutar de mi Trifamily al 100%.

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Las tardes invernales

4 Feb

Si le dieras a elegir a una madre entre una tarde de invierno encerrada con sus hijos entre las cuatro paredes de su hogar o que le depilen las piernas con pinzas a 20 km del domicilio familiar, me apostaría el DVD del coche a que se quedaría con la segunda opción. Al menos un día a la semana.

El invierno es muy duro. Y muy largo.

Todo comienza un día a finales de octubre o principios de noviembre al subir del parque. Ese día de pronto reparo en mis propios hijos. No es algo que haga habitualmente porque normalmente voy como las locas y la vida no me da para los pequeños detalles. Pero ese día observo el tono amoratado de sus labios, el barro que les llega a las rodillas y caigo en la cuenta de que nos hemos pasado 45 minutos buscando la pelota porque no se veía un burro a tres pasos de lo de noche que era. Entonces tomas la dolorosa decisión: mañana nos quedamos en casa. En esta determinación también influye la dudosa calidad de la salud de la Trifamily que ya os comenté aquí.

Al principio, todo son buenos propósitos y grandes ideas para amenizar las tardes de los retoños sin que acaben con la cabeza cuadrada de tanta tele. Visualizas a la Trifamily como en esas estampas antiguas… La chimenea encendida, la madre tejiendo, el papá leyendo el periódico, la niña ojeando un cuento, el niño jugando con los bloques… Sólo 3 piezas, no necesita más para entretenerse el angelito. No caes en la cuenta de que vosotros no tenéis chimenea, tú no has cosido en tu vida, el Tripadre hasta las 9 no llega a casa, La Rubia no sabe leer aunque ella crea que sí y El Mayor con 3 bloques no tiene ni pa’ empezar… Por supuesto también te olvidas de que la banda sonora de tu hogar no es precisamente el chisporroteo del fuego sino un bebé de 3 meses berreando a partir de las 7 pm.

Esto es lo que ella cree que va a pasar...

Esto es lo que ella cree que va a pasar…

Pero como estás en tu parra y nadie te saca de tu error, haces una visita a los chinos para equiparte con el material necesario para llenar de creatividad y jolgorio vuestras tardes invernales. Sacas a la “trendy mummy” que llevas dentro y organizas algunas actividades para sobrellevar los gélidos meses que se avecinan, como por ejemplo:

Craft and handmade: No, no es una marca de mayonesa, es lo que toda la vida se ha llamado hacer manualidades pero que queda mucho más fashion así. Para esta actividad nos vale casi cualquier cosa que tengamos por casa aunque un must serían la plastilina, tijeras, pegamento y el “Hola” de hace 4 meses. Tiempo de preparación: 5 minutos. Tiempo de entretenimiento infantil: 10 minutos. Nivel de Riesgo: Medio.

Arts: Tenemos el nivel básico, se saca un folio y las pinturas y ala, a pintar. Pero una súper-madre se ve en la necesidad de pasar al nivel Avanzado allá por diciembre. Se requieren acuarelas, témperas y pintura de dedos a discreción. Tiempo de preparación: 30 minutos. Tengamos en cuenta que hay que proteger a los niños y su entorno de los posibles daños colaterales. Tiempo de entretenimiento infantil: 25 minutos máximo. Nivel de riesgo: Elevado.

Bakery: Repostería variada. Una verdadera mamá trendy pasaría la tarde horneando cupcakes con sus retoños todos con los mismos delantales a juego. Por desgracia, yo me he quedado en el bizcocho y las magdalenas de la Thermomix, pero para pasar la tarde voy sobrada. Tiempo de preparación: 20 minutos. Tiempo de entretenimiento infantil: 20 minutos, no “solapables” al tiempo de preparación (vamos, que son los mismos). El tiempo de cocción tampoco cuenta, ya que por alguna extraña razón, a los niños no les divierte mirar la puerta del horno durante 30 minutos. Nivel de riesgo: Medio. Para la Trimadre en cambio el riesgo es elevado por las calorías que irremediablemente van asociadas a la bollería casera.

Esto también es lo que ella cree que va a pasar...

Esto también es lo que ella cree que va a pasar…

Toys&Games: ¡A sacar los juguetes!. Es la actividad por excelencia que alcanza sus mayores cotas de éxito tras la llegada de S.S. M.M. Los Reyes Magos. Tiempo de preparación: 0 minutos. Tiempo de entretenimiento infantil: Variable de 2 minutos a 1 hora. Depende del déficit de atención de los churumbeles. Nivel de riesgo: También variable. Depende de si sacamos el juego de La Oca o todos los Playmobil. El Mayor suele preferir esto último, igual que La Rubia, que nunca tiene suficiente con una muñeca, es mucho mejor idea hacer un “cole de bebés” con todos los que tenemos.

Como podéis observar ninguna de las actividades aquí expuestas, en el escenario más optimista, excede los 60 minutos. Teniendo en cuenta que a las 6 de la tarde los niños están en casa, merendados y preparados para empezar, nos queda mucho hueco que rellenar hasta la ansiada hora del baño. Ansiada no porque en casa de la Trifamily este momento sea como un anuncio de Johnson’s Baby, si no porque estás más cerca de meterles en el sobre. Combinar actividades en una misma tarde no es recomendable ya que he comprobado que el nivel de riesgo se multiplica por 5. ¿Qué hacer entonces? Normalmente no hace falta hacer nada, mis vástagos se encargan de entretenerme ellos a mí con peleas fraternales, destrozos varios, conseguir que recojan todo lo desplegado y un largo etcétera. Así la Trimadre llega atacada, estresada y casi siempre cabreada a las 7:30 con unas ganas terribles de meterles bajo el agua no sé si para bañarles o para ahogarles.

Hay días en los que la “trendy mummy” que llevo dentro no tiene ganas de y sucumbe a los encantos hipnotizadores de Disney y Dora la Exploradora. Para no sentirme mala madre se los pongo en inglés pero ni por esas me libro de lidiar con las fieras…

El Mayor: “Yo quiero ver los Gormiti”
La Rubia: “Yo quiero la casa de Mickey”
El Mayor: “¡No! Eso lo vimos ayer. Hoy elijo yo”
La Rubia: “¡Mamiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!”

Pero esto, queridos amigos, da para otro post. Continuará…

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