Archive | enero, 2013

El Paraíso de las batas blancas

29 Ene

Hola a todos. Aquí mini-wini al aparato. He oído decir a mi madre que esto del blog le sirve para desahogarse y si alguien lo necesita en estos momentos ése soy yo, así que le he robado el ordenador para contaros mis penas. Estoy desolado. Tengo síndrome pos-vacacional. Sí, como lo leéis. He estado una semana en el Caribe. O eso creo. Mi escasa experiencia vital (esta semana cumpliré 3 meses) no me permite asegurarlo al 100% pero estoy casi convencido por los siguientes motivos:

– Me he pasado todo el día medio en pelotas. Ni polainas, ni faldones, ni jerséis… Como un rey, sólo con el pañal y una camisetilla que no tenía ni botones.
– No he salido del hotel para nada, es más, casi no he salido de la habitación salvo por un par de vueltas que me dio una señora muy maja vestida de amarillo. Eso sí, tumbadito en mi súper-cuna molona con ruedas y paredes de cristal, para que pudiera apreciar las vistas.
– He venido con medio kilo más, que dicho así, os parecerá una nimiedad pero si tenemos en cuenta que peso 5, pues significa el 10% de mi masa corporal.
– Y el dato definitivo… Llevaba una pulserita en la muñeca que indica claramente que estaba en un “Todo incluido”.

Lo mejor de todo es que a estas vacaciones sólo hemos ido Trimadre y yo. He disfrutado de la barra libre a tutiplén. Mañana, tarde y noche sin interrupciones. No como en casa, que cada vez que estoy comiendo me hace la “maniobra del meñique”, para que suelte la teti y se pueda ir a freir las croquetas o a poner paz entre las dos mini-personas que viven bajo mi mismo techo. Cualquier excusa es buena para dejarme a medias. Pues en el hotel nada de nada oye… Qué paz y qué tranquilidad. Encima Tripadre venía de vez en cuando, igual que mis abuelas, y me tenían todo el rato en bracitos sin decir ni mú. También venía a verme mucha gente con batas blancas y pijamas azules, que me decían cosas bonitas y me hacían carantoñas.
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En cambio, a las otras dos mini-personas no las he visto el pelo. Eso ha sido lo mejor de todo. No me entendáis mal. No digo yo que no me aprecien, y que detrás de ese trato brusco y a veces hostil, haya amor. Pero uno acaba agotado entre tanta tensión. Sobre todo con la rubia. Porque, seamos serios, una niña de 3 años no puede ser la encargada de la higiene personal de un bebé. Cada vez que me peina temo por mi vida. Más concretamente por la de mis ojos. Eso por no hablar del look que me deja. Que es verdad que no salgo mucho pero me gusta estar presentable. También le priva el tema de cambiarme de ropa. Si los botones van para adelante puedo soportarlo, pero si van para atrás me paso 20 minutos chupando la felpa de la toalla hasta que atina. Y encima por mucho que berreo mi madre ni caso, no vaya a ser que la niña tenga celos. Otra cosa que le encanta es descolgarse sobre mi mini-cuna cuando estoy plácidamente dormido. Me pega unos sustos que me mata. Es como ver a La Novia de Chucky. Recordemos que tengo un corazón del tamaño de una aceituna así que el tema es serio.

Por otro lado tengo que reconocer que el hecho de que no me quite ojo me ha salvado la vida en varias ocasiones. Cuando mi madre me deposita en la hamaca y me abandona a mi suerte mientras se pone a hacer sus cosas, a veces echo la pota. Bueeeeno, muchas veces… No es ningún secreto que me pongo hasta la bandera. Así que es la rubia la encargada de avisarla a grito “pelao”: “¡Mamiiiiii!,mini-wini ha gomitao baba de lecheeee!” Hasta ahí vamos bien. Pero si mi madre tarda más de 3 nanosegundos en acudir a mi rescate, es ella la que limpia el desaguisado. Me diréis desagradecido, pero es que no distingue un babero, del borrador de la Vileda o el vestido de la Barbie. Todo le va bien para restregármelo por la cara.

Luego está El Mayor. Normalmente pasa de mí pero también sufre ataques de amor repentino. Se empeña en cogerme y no lo hace tan mal. El problema es que es de atención disipada así que si pasa una mosca volando o aparece La Novia de Chucky con uno de sus gormitis en la mano, a mí que me zurzan. Más de una vez me han tenido que coger al vuelo porque el niño se ha olvidado de que no soy capaz de sostener mi cabeza yo solito. No pidamos peras al olmo.

En fin, que ya estoy aquí de nuevo. Enfrentándome a mi día a día con valentía, aunque desde que he llegado no me dan tregua. Menos mal que hoy se han ido a donde quieran que van de lunes a viernes para que yo pueda relajarme un poco. Agotadito me tienen.

Bueno, me despido que me van a pillar tecleando y va a quedar un poco raro. Ya estoy un poco más relajado. Aunque algo me dice que volveré.

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La herencia genética

24 Ene

Mis niños sos tres soles. Son monísimos, simpáticos, les encanta jugar, echar carreras por el pasillo y bailar encima del sofá. Pero… son de mala calidad. No puedo dejar que me ciegue el amor maternal. Es un hecho. La herencia genética que les hemos transmitido es de lo peorcito del genoma. A pesar del amor que pusimos al encargarlos, unos cuantos genes chungos responsables del sistema inmunitario se colaron en su ADN sin remedio. En esta afirmación me avalan 358 informes de urgencias, los tres ingresos del mayor, los dos de la de en medio y uno del mini-wini de reciente adquisición con apenas 2 meses.

Podría decir que estos más de 5 años de experiencias médicas me han curtido, que he hecho callo y que vadeo estos reveses de la salud infantil de mis churumbeles con coraje y entereza. Pero desgraciadamente no es así.

Lo que sí me han dado es un bagaje de conocimentos pediatriles, que bien podría presentarme al MIR. Claro que teniendo en cuenta como está la Sanidad, casi que voy a desechar esta idea. Soy experta en virus, bacterias y demás bichos inmundos que gustan de acampar en las mucosas de los más pequeños. Por poneros algún ejemplo, sé que un exantema súbito es una infección vírica que da mucha fiebre y cuando ésta desaparece salen unos granitos por el cuerpo y eso significa que el niño se está curando. También sé que en una laringitis aguda con tu hijo tosiendo como un camionero, lo mejor que puedes hacer es sacarle a la ventana o ponerle delante del congelador (con la puerta abierta por si a alguna le entra la duda). Sé que lo más peligroso de las convulsiones febriles son los trayectos de los papás en coche hasta el hospital conduciendo como locos, ya que la convulsión en sí misma, a parte de casi matar del susto a los progenitores, no tiene ninguna consecuencia para el niño. La escarlatina pone la lengua como una fresa, la dermatitis empeora cuando empieza el frío y es mejor esperar tres días desde que empiezan con la fiebre antes de llevarles al pediatra porque seguramente será algo vírico.

enfermo

Toda esta sabiduría acumulada ha hecho que intente minimizar las visitas al centro de salud, salvo que sea indispensable una receta médica para la restauración completa del churumbel afectado. Esto no quita que las dos últimas doctoras que he tenido estos años tengan mi número de móvil y me pregunten con interés sobre las últimas vacaciones familiares. Como veis no exagero.

Para no abusar de nuestro sistema sanitario, al primer avistamiento de mocos, tripadre y yo ponemos en marcha un dispositivo digno de “Estallido”. Tras el baño, sometemos a los portadores de velas a los sprays nasales, seguidos del sacamocos, artilugio que merecería un post enterito y que a estas alturas es para mis hijos uno más de la familia. Después preparamos la habitación enchufando el humidificador, que además del vapor, proyecta una luz azulada hacia el techo dotando a la estancia de una atmósfera muy zen. A continuación colocamos parches mentolados en sendos pijamas que inundan la estancia de un olorcillo a bosque de eucapilptos de lo más refrescante. Por último, se coloca a los niños en la famosa posición semi-incorporada, recomendación incluida en todo informe de urgencias que se precie, ayudándonos de unos mullidos cojines.

El ambientazo que ahí se respira es tal, que ganas nos dan de pasar ahí la noche a los tripadres. Pero, ¿es esto garantía de éxito?. En absoluto. Si algo sé, es que si la meta de un moco es alcanzar los bronquiolos, nada le detendrá en su objetivo.

Si se da esta circunstancia, hay que pasar a la Fase B, de broncoespasmo. Pero ni por esas los tripadres nos amilanamos. Con un ventolín en mano y la dosis de corticoides apuntada en el móvil manejamos la crisis muy dignamente cual residentes de cuarto año.

Pero como os decía al principio, no es oro todo lo que reluce… Cuando te dicen que tu pequeñajo de dos meses tiene que quedarse a pernoctar en el hospital no te hace ni pizca de gracia. Por mucho que éste sea tu segunda casa, las enfermeras te saluden y te pongan la alfombra roja al pasar la tarjeta del INSS. Dos lagrimones inoportunos se asoman a tus ojillos, las canillas te tiemblan ligeramente y el pulso desciende a los mismos niveles que Lance Armstrong dopado. Pero en este punto una tiene que plantarse. Las lágrimas se reabsorben a grito de “¡quietas, parás!, ¡volved por donde habéis venido!”. La trimadre se rehace a sí misma en un periquete porque no puede venirse abajo. Auque sólo sea por esas monomadres que la acompañan en este micromundo que es una sala de urgencias y que sí que están cagadas del todo. Así que una vez recompuesta, te dispones a adquirir nuevos conocimientos, véase, hemocultivo, test de Combur… Ea. Que el saber no ocupa lugar.

Y en el fondo fondo, sabes que lo tuyo no es nada y que tienes que dar gracias porque al fin y al cabo, tus niños están mejor que bien la mayoría de las veces. Así que la vida no se detiene para la trifamily a pesar de que los virus lo intenten una y otra vez de septiembre a junio. Nosotros nos hacemos los tontos y seguimos como si nada, aunque eso sí, no dejamos nada al azar, que somos profesionales.

Kit de supervivencia sin el cual la trifamily no va ni a por el pan

Kit de supervivencia sin el cual la trifamily no va ni a por el pan

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Mentiras maternales

21 Ene

Hace poco más de dos meses que me convertí en “trimadre”, es decir, madre de tres criaturas. En estas semanas de sueño interrumpido, estrés, agotamiento y lactacia materna a demanda, sorprendentemente he tenido tiempo de reflexionar y llegar a algunas conclusiones sobre nuestro nuevo estado familiar.

La gente miente. Las madres mienten. Las madres de familia numerosa mienten.

Que las madres mienten es algo que toda madre sabe desde que empieza a pasear a su primogénito por el barrio. Uno de los temas top-ten es el sueño infantil. Siempre habrá alguna madre cuyo retoño duerme como un angelito desde el primer día: “Uy, ¡el mío desde el séptimo mes de embarazo duerme del tirón!”. Que una piensa, ¿seré la única a la que su hijo de 5 añazos le comenta a las 3 de la mañana que va a hacer pis, luego que ya lo ha hecho y que ya de paso le acompañe a la cama y se quede un ratito?… Otro tema recurrente de troleo maternal es la alimentación. “Mi niña desde los dos años cena judías verdes, coliflor, brócoli, bebe 2 litros de agua y 2 de leche, toma 3 piezas de fruta al día…”. La pobre niña ni juega ni duerme, está todo el día comiendo sano.

En lo que se refiere a las madres de familias numerosas, las mentiras comienzan cuando te ven con tus dos vástagos y llega la famosa pregunta “Y el tercero, ¿para cuándo?” y es un no parar hasta que vuelven a verte con un carrito y los otros dos colgados de tu pierna, y ya no pueden decirte ni mú porque te has convertido en una de ellas y sabes LA VERDAD. En ese momento, sólo cabe lanzarte una mirada de solidaridad y empatía total.

Aquí expongo las trolas más frecuentes que hacen que te lances a por tu tercer churumbel en plan puenting convencida de que tú también puedes:

“El tercero se cría solo”: ¡Ja! A lo mejor a partir de los 35, pero lo que es el mío no se queda solo ni jartito de leche. A él lo de quedarse mirando al techo desde su minicuna no le va, ni siquiera en la hamaquita viendo a sus hermanos correr de lado a lado y como su vida peligra constantemente. Lo que le gusta es que su madre lo transporte como un macaco por toda la casa, bien agarradito a mi camiseta con su mini-mano no vaya a ser que en una curva peligrosa por el pasillo lo pierda.
“Los terceros siempre son buenos”: Aquí la culpa es mía por inocente, porque semejante generalidad no podía ser cierta, pero cuando tus dos mayores han sido dos santos bebés, ¡pues cómo no lo va a ser el tercero!. Pues no. Debe ser que no viene de serie. Por la tarde-noche llorón y con cólicos seguidos de estados de despeje total hasta las 2 de la mañana. Por el día minisiestas de 5 minutos y comilón como ninguno disfrutando de su buffet libre 24/7. Sólo conoce el modo “lloro”, el modo “como” y el modo “duermo”.
“No hay dos sin tres”: Si es que hasta Bisbal me miente. Todo el verano con la misma cantinela, que hasta tripadre se puso el politono en el móvil y al final se te mete el mensaje subliminal en la cabeza. Pero haberlos, hailos. Y tan ricamente. Enrique y Ana, Romina y Albano… será por dúos exitosos.

Tengo que decir que para más inri la madre de familia numerosa que te cuenta estas cosas, por lo general está estupenda de la muerte, no se atisba una ojera bajo sus ojos, sus niños van monísimos y ella también, por lo que no te queda otra que creerla. Es más, de mayor quieres ser como ella.

Véase lo happy y mona que va esta chica con sus pequeños. Eso sí, le faltan 3 si no me fallan las cuentas...

Véase lo happy y mona que va esta chica con sus pequeños. Eso sí, le faltan 3 si no me fallan las cuentas…

Pero ese debe ser el Nivel 2 de “trimadre” al que obviamente no he llegado todavía. A título personal yo sigo enfundándome con mucho esfuerzo mis vaqueros aún a riesgo de sufrir asfixia, el antiojeras que llevaba 2 años casi intacto en mi neceser está en las últimas y en cuanto toco el sofá u otra superficie medianamente confortable caigo redonda cual narcoléptica. A nivel familiar, la cosa no va mejor. La trifamily tarda una media de 2 horas 45 minutos en salir de casa, dejándose gorros y bufandas cuando la temperatura exterior es de 2 grados y olvidándose de sacar algo del congelador para la comida de la prole.

Así que en éstas me hallo. Esperando ansiosa que llegue mi kit de súper-madre junto con el carnet de familia numerosa.

Mientras me llega mi caja con la careta de sonrisa perpetua de Kate Middleton, la liposucción casera y el último look de Olivia Palermo, y cuando los mayores estén en cole, yo achucharé muy fuerte al mini-wini llorón que ha vuelto a traer los pañales y chupetes a esta casa, y un olor a bebé que inunda todos los rincones. Él me mirará con sus preciosos ojos grises y no me arrepentiré ni por un momento de que seamos 5. Eso sí, aquí contaré toda la verdad y nada más que la verdad. Lo juro.

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